La reciente participación de Donald Trump en la Asamblea General de la ONU evidenció un alineamiento político en la región que muchos analistas describen como una adhesión a una nueva derecha continental, coincidente con la retórica de intervención estadounidense.
Trump presentó el poderío militar de Estados Unidos en el hemisferio como un logro propio. Específicamente, hizo referencia al ataque militar ordenado en Venezuela para arrestar al presidente Nicolás Maduro en enero, y al control estadounidense sobre las reservas petroleras del país, bajo la lógica de que “al vencedor le corresponde el botín”.
Durante su comparecencia, advirtió: “Nuestras acciones en Venezuela son prueba de que EE. UU. ya no permitirá que las amenazas contra América se afiancen en ningún lugar del hemisferio occidental”. Añadió que, “si es necesario, usaremos nuestro poderío militar sin igual para salvaguardar los intereses nacionales vitales de EE. UU.”.
Tras su intervención, el mandatario estadounidense recibió elogios de varios presidentes latinoamericanos. Santiago Peña, presidente de Paraguay, felicitó a Trump en una reunión del Escudo de las Américas, diciéndole: “Permítame felicitarlo, porque creo que ha batido un récord mundial: no creo que haya un presidente estadounidense que se reuniera más veces con presidentes del hemisferio occidental”.
Esta afinidad de gobernantes se manifiesta prominentemente en temas de seguridad. El Escudo de las Américas, una coalición iniciada por Washington, reunió ese día a 15 países, incluyendo Chile, que está presidido por José Antonio Kast, un político de derecha. Los miembros declararon su voluntad de imponer “sanciones y otras medidas” contra grupos que Trump designó como narcoterroristas.
Keiko Fujimori, quien asumió la presidencia de Perú, también se adhirió al grupo, declarando durante el encuentro: “El crimen organizado no respeta fronteras, por eso estamos muy contentos de unirnos a esta coalición. Aplaudimos su liderazgo y su iniciativa, presidente Trump”. Ante esto, Trump respondió: “La única manera de detener el crimen es siendo duro. Tienen que ser muy duros. Tal vez ni les guste, pero tienen que serlo: eso lo detendrá rápido”.
Críticas internacionales y el contexto de intervención
A pesar del respaldo regional en el foro, el discurso de Trump y las acciones asociadas enfrentan severas críticas internacionales. Un relator especial de la ONU en derechos humanos informó el lunes que los bombardeos militares de Estados Unidos en aguas caribeñas y del Pacífico, que han resultado en la muerte de más de 220 personas desde el año pasado, “violan el derecho internacional” y “plausiblemente constituyen crímenes de lesa humanidad”.
El mismo Ben Saul, autor del informe, señaló que el Escudo de las Américas “promueve una respuesta altamente centrada en la seguridad sin compromisos explícitos con los derechos humanos y el derecho internacional, ni con abordar las causas profundas del crimen organizado, como la pobreza, la corrupción y la debilidad del Estado”.
Históricamente, tales posturas no han sido recibidas con unanimidad. Durante su primer mandato, en 2017, las amenazas de intervención en Venezuela generaron un amplio rechazo, incluso de aliados como el entonces presidente colombiano, Juan Manuel Santos, quien afirmó que “Ni Colombia ni América Latina, desde el sur del río Grande hasta la Patagonia, podrían estar de acuerdo. América es un continente de paz”.
Analistas señalan que el cambio de postura ha llegado con el ascenso de políticos de una nueva derecha en la región, facciones consideradas más radicales que las tradicionales, y que prometer mano dura contra la delincuencia.
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