El gobierno de José Antonio Kast presentó este miércoles un proyecto de ley misceláneo que contempla una reforma tributaria estructural con el objetivo de reducir la burocracia y fomentar la inversión nacional.
La iniciativa propone una reducción gradual del impuesto de primera categoría, pasando de una tasa del 27% al 23%. Según información de La Tercera, el plan contempla una baja de 1,5 puntos el primer año, otros 1,5 puntos el segundo y 1 punto el tercer año, iniciando el proceso en 2028.
El proyecto también busca reintegrar el sistema tributario, transitando de un régimen semiintegrado al 65% hacia una integración del 100% de forma gradual, en tres etapas anuales. La medida alcanzaría su plenitud en 2030, el mismo año en que finaliza el mandato presidencial actual.
Entre las medidas de reactivación económica se incluye la aplicación de un IVA del 0% a la vivienda nueva por un plazo de 12 meses, sin tope de precio. Asimismo, el plan establece la eliminación de contribuciones para adultos mayores de 65 años en su primera vivienda, sin considerar su situación económica.
El economista Francisco Castañeda advirtió, según una columna en La Tercera, que la discusión fiscal requiere prudencia debido al alza de los combustibles y la incertidumbre internacional. Castañeda señaló que la reducción del impuesto de primera categoría tiene un costo fiscal, aunque la menor recaudación por el uso del Mepco podría aliviar el déficit.
Tensiones diplomáticas y crisis de visas
En paralelo a la agenda económica, la política exterior chilena enfrenta duras críticas por intervenciones en procesos electorales extranjeros. El exembajador ante Estados Unidos, Juan Gabriel Valdés, cuestionó el apoyo del presidente Kast al mandatario húngaro Viktor Orbán durante las recientes elecciones en Hungría.
Valdés afirmó que el mensaje de apoyo se transmitió con símbolos nacionales, señalando que “se grabó desde La Moneda con banderas chilenas detrás y eso fue transmotido por la televisión húngara en húngaro”. El exdiplomático calificó el gesto como un “desconocimiento profundo de lo que es el sistema internacional y lo que son las tradiciones internacionales”.
El exembajador también advirtió sobre los riesgos de la injerencia, preguntando: “¿Qué pasa si mañana un presidente chileno o una autoridad chilena se quiere introducir en una elección peruana o boliviana?”.
La crisis diplomática se extiende a la relación con Washington tras la revocación de visas a funcionarios chilenos. Valdés vinculó este hecho a la controversia por el denominado “cable chino” y calificó la medida como “una falta de respeto” y “un gesto poco amistoso”.
Aunque reconoció la soberanía de Estados Unidos para decidir quién ingresa a su territorio, el exdiplomático criticó la forma de la advertencia. “Estados Unidos tiene todo el derecho a admitir en su país a quien quiera, pero cuando le dice a un país amigo, en una circunstancia en la cual había explicaciones, que en el caso que se apruebe una cosa, se le va a quitar la visa, me parece que no es un gesto amistoso, y lo debiéramos haber recibido todos así”, sostuvo.
Valdés comparó la situación actual con su experiencia previa, recordando que durante su gestión en el Consejo de Seguridad de la ONU no hubo represalias similares. “A mí me tocó votar en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en contra de la guerra de Irak y no se me pasó por la cabeza que el presidente Bush fuera a pensar que me quitaría la visa”, puntualizó.