La soledad podría afectar la capacidad de memoria base en adultos mayores sin acelerar la velocidad del deterioro cognitivo, según un estudio europeo a gran escala.
Investigadores que siguieron a más de 10.000 participantes en 12 países europeos durante siete años descubrieron que aquellos que reportaron altos niveles de soledad obtuvieron puntuaciones más bajas en las pruebas de memoria al inicio del estudio.
Sin embargo, la tasa de deterioro de la memoria durante el periodo de siete años se mantuvo prácticamente igual tanto en las personas solitarias como en aquellas con mayores niveles de conexión social.
El estudio, publicado en la revistaAging & Mental Health, utilizó datos del Estudio sobre Salud, Envejecimiento y Retiro en Europa (SHARE, por sus siglas en inglés).
Impacto en el rendimiento inicial
El autor principal, el Dr. Luis Carlos Venegas-Sanabria, de la Universidad del Rosario, señaló que los resultados fueron inesperados.
«El hallazgo de que la soledad afectara significativamente la memoria, pero no la velocidad de su deterioro con el tiempo, fue un resultado sorprendente», afirmó Venegas-Sanabria.
Además, añadió que los datos sugieren que la soledad desempeña un papel más relevante en el estado inicial de la memoria que en su declive progresivo.
El equipo de investigación contó con la participación de expertos de la Universidad del Rosario en Colombia, la Clínica Universitaria de Navarra y la Universitat de Valencia en España, y el Instituto Karolinska en Suecia.
Los participantes del estudio tenían entre 65 y 94 años. Los investigadores excluyeron a personas con antecedentes de demencia o con discapacidades físicas que dificultaran actividades cotidianas, como caminar o comer.
La memoria se evaluó mediante tareas que requerían que los participantes recordaran listas de palabras, tanto de forma inmediata como tras un intervalo de tiempo.
La soledad se midió a través de las respuestas de los participantes sobre sentimientos de aislamiento, falta de compañía y sensación de exclusión.
Los investigadores sugieren que las evaluaciones rutinarias de soledad podrían convertirse en un estándar dentro de los chequeos de salud cognitiva para la tercera edad.
Si bien estudios previos han ofrecido evidencia contradictoria sobre si la soledad aumenta el riesgo de demencia, este estudio sugiere que el aislamiento podría no acelerar directamente el proceso de la enfermedad.
Los datos mostraron que los niveles más altos de soledad se registraron en los países del sur de Europa, con un 12%, frente al 6% observado en Europa Central.