El Kremlin reconoció el jueves la invitación cursada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al mandatario ruso, Vladímir Putin, para asistir a la cumbre del G20 que se celebrará en Miami en diciembre. No obstante, la presidencia rusa aclaró que aún no se ha tomado una decisión definitiva sobre la participación de Putin.
“Por ahora hablar de ello es prematuro. Aún no se ha tomado una decisión”, declaró el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, en su conferencia telefónica diaria, al ser consultado sobre la propuesta estadounidense.
Peskov señaló que la invitación fue recibida “con gratitud” por parte del Kremlin, destacando el gesto de la administración Trump. “Hemos recibido con gratitud esta amable invitación. La estudiaremos, después se consensuará y se tomará la correspondiente decisión”, añadió el portavoz, sin confirmar un viaje de Putin a Estados Unidos.
La invitación fue confirmada el miércoles por el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, tras su encuentro en Nueva York con el canciller ruso, Serguéi Lavrov, en los márgenes de la Asamblea General de la ONU. “Hemos invitado al presidente Putin al G20”, afirmó Pompeo a la prensa, esperando que el líder ruso acepte la oferta que le permitiría dialogar no solo con Trump, sino también con otros líderes mundiales.
La cumbre del G20 está programada para los días 14 y 15 de diciembre de 2026 en Miami. Pompeo matizó que la invitación no debe interpretarse como una señal de una reunión inminente entre Trump y Putin o de un acuerdo más amplio.
La posibilidad de un nuevo encuentro entre ambos mandatarios surgió tras la reunión entre Pompeo y Lavrov, donde se barajó la opción de una conversación a finales de año en el marco de la cumbre, ofreciendo “una nueva oportunidad para que ambos líderes conversen”.
La potencial asistencia de Putin a la cumbre se produce en un contexto diplomático marcado por la guerra en Ucrania. Trump había solicitado previamente a Putin el cese de las acciones militares en Ucrania durante su última conversación telefónica.
Paralelamente, Trump había advertido sobre la posibilidad de imponer un nuevo paquete de sanciones contra Moscú, incluyendo aranceles de hasta el 100% a países importadores de hidrocarburos rusos. En este escenario, Pompeo instó a Moscú y Kiev a acordar un alto el fuego limitado al sector energético, una medida que, aunque no pondría fin a la guerra, podría servir de base para un acuerdo mayor, y para la cual ambas partes habrían mostrado interés.
Por su parte, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, manifestó que Ucrania cesaría los ataques a instalaciones energéticas rusas si Moscú hacía lo propio, tras la petición de Trump de frenar los ataques contra refinerías de diésel. Zelenski indicó tras reunirse con Trump que ambos países desean finalizar la guerra “antes del invierno”.
La postura rusa sobre la continuidad del conflicto fue reafirmada por Lavrov ante el Consejo de Seguridad de la ONU, quien afirmó que Moscú no detendrá su “operación militar especial”, acusando a Europa de buscar una pausa para armar a Kiev. El ministro de Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, respondió a estas declaraciones, considerándolas una muestra de la posición de Moscú ante el conflicto.
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