El mercado laboral chileno enfrenta un problema estructural que va más allá de las cifras de desempleo: una profunda brecha de habilidades. La velocidad con la que se transforma el entorno productivo ha dejado atrás a los sistemas de formación tradicionales, impidiendo que miles de personas puedan acceder a las plazas disponibles.
María José Gutiérrez Correa, directora ejecutiva del Grupo Enovus, advierte que el país sufre una paradoja crítica. Vacantes de trabajo permanecen sin cubrir mientras una parte importante de la población activa no logra insertarse en el sistema.
“No es solo acceso al empleo, es una brecha de habilidades”, señala Gutiérrez. Según la experta, el mercado cambió con una rapidez que la oferta formativa actual no ha podido seguir, generando una desconexión entre lo que las empresas requieren y lo que los trabajadores ofrecen.
La urgencia de la formación continua
El diagnóstico apunta directamente a la obsolescencia de los modelos de capacitación actuales. Gutiérrez sostiene que el enfoque debe desplazarse hacia un aprendizaje continuo que sea pertinente, flexible y apoyado en herramientas tecnológicas.
Este modelo debe permitir que los trabajadores compatibilicen el estudio con sus responsabilidades laborales y su vida personal. De lo contrario, las políticas públicas seguirán errando en su diagnóstico al intentar solucionar la falta de empleo sin considerar la capacidad de las personas para desempeñar las funciones demandadas.
La directora de Enovus enfatiza que la creación de puestos laborales por sí sola es insuficiente. El verdadero desafío para el país radica en garantizar que la fuerza laboral posea las competencias necesarias para ocupar dichos puestos de manera efectiva.
La brecha de empleabilidad se ha convertido en el cuello de botella de la economía local. Mientras la formación no se adapte a las nuevas necesidades tecnológicas y productivas, el desajuste entre la oferta y la demanda laboral se mantendrá como una barrera permanente para el crecimiento del empleo.