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1 may 2026 · Actualizado 04:50 p. m. UTC
Economía

Implementación de las 42 horas en Chile: Entre la autonomía por objetivos y el riesgo de brechas de género

La entrada en vigencia de la reducción de la jornada laboral a 42 horas semanales en Chile activa un debate sobre la exclusión del registro de jornada y el impacto en la equidad laboral femenina.

Camila Fuentes

3 min de lectura

Implementación de las 42 horas en Chile: Entre la autonomía por objetivos y el riesgo de brechas de género
Office workers in a modern Chilean workspace

La jornada laboral legal en Chile se reduce este mes a 42 horas semanales, un hito que ha reactivado la discusión técnica sobre la flexibilidad y la aplicación de la normativa en distintos sectores productivos. El proceso de implementación de la segunda parte de la Ley de 40 Horas ha generado dudas tanto en empresas como en trabajadores sobre los límites de la jornada y la validez de las exclusiones de horario.

El director nacional de la Dirección del Trabajo, David Oddó, aclaró que la exclusión del cumplimiento de jornada y el registro de marcaje no es una facultad de libre disposición para cualquier empleado. Según informó CNN Chile, Oddó precisó que el denominado “artículo 22” es una norma de excepción y no la regla general dentro de la legislación laboral.

Para determinar si un trabajador puede estar exento de marcar su jornada, la autoridad estatal debe evaluar la naturaleza de sus funciones. El director explicó que los cargos con facultades de administración, como gerentes o subgerentes, que requieren movilidad constante, no están sujetos al registro. Sin embargo, advirtió que lo que figura en el contrato no es determinante si la realidad laboral demuestra lo contrario.

“Yo en mi contrato de trabajo podría decir expresamente por escrito que estoy excluido de limitación de jornada de trabajo, pero en el día a día recibo instrucciones, me hacen descuentos si llego tarde, si no llego a una reunión me sancionan. En los hechos estoy sujeto a jornada y es eso lo que prima”, señaló Oddó en una entrevista con CNN Chile.

En caso de desacuerdos entre las partes, la Dirección del Trabajo tiene la potestad de intervenir para resolver las disputas sobre la exclusión de jornada. Si la resolución de la institución no satisface a los involucrados, la normativa permite recurrir a los tribunales del trabajo.

El riesgo de la segmentación salarial

Paralelamente al debate sobre el control de asistencia, existe una preocupación técnica sobre cómo la flexibilidad laboral podría profundizar las desigualdades de género. Según un análisis publicado por El Mostrador, la búsqueda de adaptabilidad en los horarios presenta un riesgo de convertirse en una barrera invisible para la equidad.

La implementación de la reducción horaria ha enfrentado dificultades técnicas, como el dictamen de la Dirección del Trabajo que limita el fraccionamiento de la reducción a unidades de tiempo completas —una hora menos por día— ante la falta de acuerdos mutuos. Mientras los gremios empresariales advierten que esta rigidez compromete la continuidad operativa, el debate se centra en la creación de pactos individuales.

No obstante, la evidencia económica sugiere que la flexibilidad mal diseñada puede actuar como un impuesto a la trayectoria de las mujeres. En Chile, la brecha de participación laboral femenina se sitúa cerca del 52%, frente al 71% de los hombres, según reportó El Mostrador.

El análisis destaca que la penalización por maternidad es una constante estructural en el país. Diez años después del nacimiento de un hijo, los ingresos de las madres son, en promedio, un 40% menores respecto a la trayectoria que habrían seguido de no haber tenido hijos, citando datos de Berniell et al. (2021).

Este fenómeno se vincula a la dificultad de gestionar la disponibilidad horaria en empleos que aún premian la presencialidad. El reporte de El Mostrador menciona que, siguiendo la tesis de la Premio Nobel Claudia Goldin (2021), muchos puestos de altos ingresos recompensan desproporcionadamente a quienes pueden ofrecer disponibilidad inmediata o largas jornadas, lo que genera una segmentación salarial donde las mujeres aceptan salarios menores a cambio de mayor previsibilidad horaria.

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