Tras el éxito de la misión Artemis II, la NASA está cambiando su enfoque de la exploración orbital al establecimiento de una presencia humana permanente en la Luna. La hoja de ruta de la agencia contempla una serie de misiones de complejidad creciente, diseñadas para construir infraestructura y aprovechar los recursos lunares.
Tras el éxito de Artemis II —que supuso el primer vuelo tripulado más allá de la órbita terrestre baja desde 1972—, la NASA prioriza ahora las pruebas de maniobras de acoplamiento. La agencia ha ajustado el cronograma de Artemis III, previsto tentativamente para 2027, para centrarse en operaciones orbitales críticas.
Los astronautas practicarán el acoplamiento de la cápsula Orion con el Sistema de Alunizaje Humano (HLS, por sus siglas en inglés) en la órbita terrestre. Este sistema, que actualmente desarrollan empresas privadas como SpaceX y Blue Origin, sigue siendo un componente vital para los futuros descensos a la superficie lunar.
El camino hacia el polo sur lunar
La NASA tiene la intención de lanzar Artemis IV en 2028, una misión que llevará de nuevo a astronautas a la superficie lunar, incluyendo a la primera mujer que caminará sobre la Luna. Esta misión consistirá en el acoplamiento de la Orion con el HLS en órbita lunar para facilitar el aterrizaje en el polo sur de la Luna.
Los científicos han puesto su mirada en el polo sur debido a la posible presencia de hielo de agua. Este recurso podría proporcionar los elementos necesarios para producir agua, oxígeno e incluso combustible para cohetes, facilitando la habitabilidad a largo plazo.
Para finales de la década, la misión Artemis V pretende iniciar la construcción de infraestructuras a gran escala. La misión desplegará vehículos de exploración y equipos diseñados para permitir estancias prolongadas en la superficie lunar.
La visión a largo plazo de la NASA contempla la rotación de tripulaciones cada seis meses, pasando de campamentos temporales a estructuras permanentes. La agencia estima que el coste de esta presencia sostenida podría alcanzar aproximadamente los 30.000 millones de dólares.
"El objetivo no es solo llegar a la Luna, sino establecer una base", afirmó el administrador de la NASA, Jared Isaacman, según informa The New York Times.
Esta expansión se produce en un momento de intensificación de la carrera espacial mundial, con China proyectando sus propias misiones lunares tripuladas antes de 2030.