El gobierno de José Antonio Kast en Chile está consolidando su narrativa política basándose en una supuesta superior䣼superioridad moral derivada de la necesidad de reconstruir el país, según un análisis publicado por el medio elmostrador.cl.
El artículo sostiene que la derecha ha utilizado la convicción de un proyecto de rescate nacional para cuestionar la gestión del presidente Gabriel Boric. Esta estrategia busca posicionar al oficialismo como un proyecto carente de valores, transformando la disputa política en una contienda de principios.
De acuerdo con el texto, esta táctica permite a los actores políticos blindarse ante los efectos negativos de sus propias decisiones. Al actuar bajo lo que Max Weber denominó la "ética de la convicción", los políticos justifican sus acciones mediante sus creencias, sin hacerse cargo de los resultados reales.
El riesgo de gobernar sin responsabilidad
La columna señala que el discurso inaugural de Kast ya presentaba estos rasgos al afirmar que el país estaba "en peores condiciones de lo que podía imaginar". En aquel momento, el mandatario planteó la necesidad de un gobierno de emergencia que actuara "con convicción".
Actualmente, la administración de derecha sostiene que Chile enfrenta la falta de Estado de derecho y una crisis de seguridad provocada por la gestión previa. El medio reporta que este relato justifica promesas de alto impacto, como la auditoría total del Estado o la expulsión de 300.000 migrantes irregulares en 100 días.
Sin embargo, el análisis advierte que estas medidas podrían generar caos económico y social si se materializan. El autor argumenta que, para quienes se mueven por la convicción y no por la "ética de la responsabilidad", las consecuencias de estas promesas resultan indiferentes frente al objetivo de la reconstrucción.
El texto concluye que este modelo de legitimación es históricamente frágil. Citando las advertencias de Weber sobre ideólogos y dictadores, el artículo señala que la convicción tiende a chocar con la realidad, agotando rápidamente el capital político de la superioridad moral.