Las autoridades ucranianas han divulgado cifras detalladas sobre las bajas militares rusas, mientras que el país ha reportado ataques continuos contra infraestructura civil y logística crítica, manteniendo un patrón de hostilidades multifacéticas. Los informes militares, que muestran ligeras fluctuaciones en las cifras, documentan pérdidas rusas superiores a 1.5 millones de efectivos desde el inicio de la invasión a gran escala el 24 de febrero de 2022.
Específicamente, un informe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Ucrania fechado el 28 de septiembre indicó que Rusia había perdido aproximadamente 1.531.060 soldados, cifra que incluía 2.090 bajas sufridas en el día anterior. Este reporte detalló también pérdidas masivas de material bélico, incluyendo 12.385 tanques, 25.450 vehículos blindados de combate y 50.477 sistemas de artillería. Dichas cifras se suman a los reportes de la semana anterior, que detallaron la pérdida de más de 1.52 millones de efectivos rusos.
En el ámbito de las estimaciones internacionales, el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) ha señalado que las bajas rusas superan significativamente a las de Ucrania, sugiriendo una proporción de “aproximadamente 2.5:1 o 2:1.” Además, un informe de enero de 2026 del CSIS estimó que Ucrania pudo haber sufrido entre 500.000 y 600.000 bajas entre febrero de 2022 y diciembre de 2025, de las cuales entre 100.000 y 140.000 se consideran muertes en combate (KIA).
Respecto a las bajas ucranianas, el Presidente Volodímir Zelenski informó a France TV el 4 de febrero que al menos 55.000 soldados ucranianos habían muerto en combate desde el inicio de la guerra, además de un número considerable de desaparecidos. Sin embargo, las autoridades ucranianas no han revelado sus propias pérdidas durante la invasión a gran escala, citando motivos de secreto operativo.
Los ataques rusos han mantenido una alta intensidad, afectando múltiples regiones del país. Entre el 26 y el 27 de septiembre, las autoridades locales confirmaron que al menos 14 personas murieron y 57 resultaron heridas en ataques generalizados. La región de Odesa fue blanco de lo que un gobernador local describió como un “ataque masivo,” que dañó un edificio residencial, una instalación médica, un hotel, una tienda y un depósito de grano.
En el ámbito aéreo, el 27 de septiembre, las Fuerzas Aéreas ucranianas reportaron que las fuerzas rusas lanzaron 170 drones de ataque tipo Shahed, incluyendo 76 versiones propulsadas a reacción, además de drones señuelo Gerbera y Parodiya. Las defensas aéreas ucranianas lograron derribar o suprimir 147 drones, mientras se registraron ataques en 18 ubicaciones distintas.
La infraestructura ferroviaria ha sido un objetivo recurrente y estratégico. El 13 de septiembre, un dron ruso impactó la locomotora de un tren de pasajeros que cubría la ruta Kyiv-Varsovia, a solo dos kilómetros de la frontera polaca. A pesar de que este ataque no causó víctimas, resaltó la dependencia vital de Ucrania de sus vías férreas, ya que el 60% del flete nacional es transportado por trenes, según Serhiy Vovk, director del Centro de Estrategias de Transporte.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Heorhii Tykhyi, explicó el objetivo estratégico de Moscú, señalando que “el primer objetivo es interrumpir la logística, tanto el tráfico de pasajeros como el movimiento de mercancías.” Este impacto en el transporte y el comercio golpea el núcleo económico del país. El tren es fundamental, ya que los trenes representan cerca del 37% del transporte de pasajeros, tanto nacional como internacional, en Ucrania, una cifra mucho mayor que el promedio de la mayoría de los países europeos.
La escalada de las hostilidades se documentó en diversas regiones. El Presidente Zelenski, el 27 de septiembre de 2026, informó que durante la noche se atacaron áreas en las regiones de Odesa, Kharkiv, Sumy, Mykolaiv, Kherson, Poltava, Zhytomyr y Kyiv.
En un contexto geopolítico paralelo, el Kremlin emitió una advertencia el 27 de septiembre, declarando que proporcionar datos de Starlink para ataques en profundidad dentro de territorio ruso constituiría “un paso muy perjudicial, potencialmente peligro e imprudente.” Estas advertencias contrastan con la necesidad de Ucrania de mantener el flujo de ayuda internacional y asegurar sus líneas de comunicación vitales.
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