El líder de Hezbolá, Naim Qassem, ha rechazado la próxima reunión entre el gobierno libanés y Israel en Washington D.C., calificando el esfuerzo diplomático de "inútil" mientras las fuerzas israelíes intensificación sus ataques en todo el Líbano.
En un discurso televisado este lunes, Qassem instó al gobierno libanés a adoptar una "postura histórica y heroica" al negarse a asistir a las conversaciones. El encuentro, programado para el martes, contará con la participación de los embajadores de Líbano e Israel en Estados Unidos para debatir la posibilidad de entablar negociaciones directas.
Qassem calificó las negociaciones previstas como una "artimaña" diseñada para presionar a Hezbolá hacia el desarme.
“Israel deja claro que el objetivo de estas negociaciones es desarmar a Hezbolá, tal como lo afirma repetidamente [el primer ministro israelí] Netanyahu. Entonces, ¿cómo se puede acudir a unas negociaciones cuyo objetivo ya es evidente?”, afirmó Qassem.
“No descansaremos, no nos detendremos ni nos rendiremos. En su lugar, dejaremos que el campo de batalla hable por sí solo”, añadió.
Escalada de violencia y saldo humanitario
Mientras los diplomáticos se preparan para las conversaciones, la guerra terrestre continúa expandiéndose. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron el lunes que sus tropas han rodeado por completo la ciudad del sur de Bint Jbeil, donde el ejército afirmó haber matado el domingo a más de 20 combatientes de Hezbolá que operaban desde un complejo hospitalario.
El Ministerio de Salud del Líbano desmintió estas afirmaciones, acusando a Israel de atacar a civiles y centros médicos. Según la BBC, los paramédicos en Nabatieh no hallaron pruebas que respalden las alegaciones israelíes de que Hezbolá utiliza ambulancias y centros sanitarios para sus fines.
Un paramédico en una estación de ambulancias destruida relató la muerte de un compañero, quien perdió la vida tras un ataque israelí mientras hablaba por teléfono con su esposa.
Según Al Jazeera, el conflicto ha provocado desplazamientos masivos y una gran cantidad de víctimas desde la escalada de marzo. Los bombardeos israelíes y la invasión terrestre en el sur han dejado un saldo de al menos 2.055 muertos, entre ellos 165 niños y 87 trabajadores sanitarios. Más de 1,2 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares y más de 6.500 han resultado heridas.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, declaró el sábado que sus objetivos son claros. “Queremos el desmantelamiento de las armas de Hezbolá y queremos un acuerdo de paz real que perdure durante generaciones”, afirmó Netanyahu.
Qassem, sin embargo, sostuvo que las conversaciones representan una “concesión gratuita” a Israel y Estados Unidos, y pidió un consenso libanés para rechazar este giro hacia las negociaciones directas.