El accidente nuclear en la central de Chernóbil, considerado por la mayoría como la peor catástrofe nuclear de la historia, fue un factor decisivo en el colapso de la Unión Soviética cinco años después del suceso, según informa expansion.mx.
El desastre puso de manifiesto una profunda crisis de legitimidad estatal dentro de la URSS, explicó a expansion.mx Armando García, coordinador del Programa de Estudios Europeos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
García identificó tres niveles específicos de fracaso: el ocultamiento de información, el estancamiento burotreático y la hipercentralización del poder en Moscú, una característica propia de los regímenes autoritarios.
La explosión del reactor 4 liberó nubes radiactivas equivalentes a 500 bombas nucleares como las lanzadas sobre Hiroshima en 1945, contaminando gran parte del hemisferio occidental.
A pesar de la magnitud del evento, el Partido Comunista intentó suprimir la información y controlar la narrativa. Si bien el silencio era la norma dentro de las fronteras soviéticas, la prensa internacional cubrió el acontecimiento de forma exhaustiva, sacando a la luz la verdad ante los ciudadanos soviéticos.
El impulso de la Glasnost
Bajo la presión de los medios internacionales, Mijaíl Gorbachov se vio obligado a acelerar la Glasnost, una política de apertura lanzada en 1985, informó el medio.
Este aumento de la transparencia creó el terreno fértil para las protestas antigubernamentales en el interior de la Unión Soviética. La catástrofe demostró que el sistema era incapaz de proteger a su propio pueblo, señalando el fin del bloque soviético apenas seis años después de la explosión.
“La catástrofe demostró básicamente que las autoridades soviéticas querían encubrir el desastre. También mostró la incapacidad y las deficiencias en la gestión de la planta nuclear y, posteriormente, en la gestión de la propia catástrofe”, afirmó Beata Wojna, profesora de Relaciones Internacionales del Tec de Monterrey, Campus Ciudad de México.