En marzo de 2026, la interacción con la inteligencia artificial experimenta un cambio fundamental. Empresas como OpenAI y Google introducen agentes capaces de ejecutar acciones en el navegador. Esta evolución marca el fin de la era de los simples chatbots conversacionales.
Los nuevos sistemas poseen una capacidad de agencia que les permite completar formularios y realizar clics. Antes, los usuarios solicitaban información, ahora los agentes ejecutan la compra o la reserva directamente. Este cambio transforma la productividad laboral en sectores clave.
Para la economía chilena, esta tecnología representa una oportunidad de modernización significativa. Según reportó Fayerwayer, los profesionales del país enfrentan una curva de aprendizaje similar a la introducción de Excel en los años noventa. La adopción temprana podría mejorar la competitividad en servicios digitales.
La configuración requiere habilitar modos específicos dentro de las cuentas de usuario. OpenAI Operator exige una extensión de navegador que lee la estructura de las páginas web. Google Jarvis se integra nativamente en versiones recientes de Chrome.
La seguridad permanece como la principal preocupación de los expertos en ciberseguridad. Los sistemas implementan un modo de control humano antes de cualquier transacción monetaria. Las credenciales se tokenizan para evitar el almacenamiento de contraseñas en texto plano.
Existen diferentes perfiles según la necesidad del usuario y la plataforma tecnológica. Los agentes de OpenAI son ideales para compras web, mientras que Google sirve mejor al ecosistema de trabajo. La velocidad de ejecución varía entre tres herramientas principales disponibles en el mercado.
Analistas del sector tecnológico señalan que la productividad ya no se mide por la velocidad de escritura. El valor reside ahora en la capacidad de delegar tareas repetitivas a un empleado digital. Esto altera la dinámica de la fuerza laboral globalmente.
El impacto económico en Chile dependerá de la infraestructura digital disponible. Las empresas locales deberán actualizar sus sistemas para aprovechar estas automatizaciones. La brecha digital podría ampliarse si no hay políticas de acceso adecuadas.
Las próximas semanas definirán la adopción masiva de estas herramientas en el mercado. Observar las regulaciones sobre privacidad de datos será crucial para los usuarios. El futuro del trabajo digital está en manos de la autonomía algorítmica.