HELSINKI/OULU. Un nuevo estudio de cohortes realizado por la Universidad de Oulu y la Fundación Instituto Deaconisa de Oulu aporta evidencia significativa sobre el impacto a largo plazo del estilo de vida en la resiliencia fisiológica frente al estrés. La investigación, publicada en Psychoneuroendocrinology, subraya que la inactividad física sostenida durante la edad adulta incrementa la carga alostática, un biomarcador del desgaste acumulado por el estrés crónico en el organismo.
El seguimiento se centró en más de 3.300 individuos del Cohorte de Nacimiento de Finlandia del Norte (NFBC 1966), analizando sus hábitos de actividad física de ocio entre los 31 y los 46 años, contrastándolos con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los resultados indican una correlación directa: aquellos participantes que no alcanzaron los umbrales mínimos de ejercicio recomendados mostraron una carga alostática superior en la mediana edad.
Un hallazgo crucial es la dinámica del cambio. Una disminución sostenida de la actividad física a lo largo de la edad adulta está ligada a un mayor 'desgaste' biológico. Por el contrario, los individuos que incrementaron sus niveles de ejercicio durante este periodo no presentaron una carga de estrés significativamente distinta a aquellos que mantuvieron una actividad constante y adecuada.
“Los resultados sugieren que la importancia de la actividad física no se limita a etapas vitales individuales; más bien, el ejercicio regular a lo largo de la vida adulta parece proteger al cuerpo de los efectos nocivos del estrés a largo plazo”, señaló Maija Korpisaari, investigadora doctoral y autora principal. La medición de la carga alostática, utilizando combinaciones amplias y específicas de indicadores biológicos, arrojó resultados consistentes, fortaleciendo la validez del estudio.
Desde una perspectiva de salud pública y economía global, estos hallazgos tienen implicaciones significativas. El estrés crónico y sus manifestaciones fisiológicas son precursores de enfermedades no transmisibles que imponen una presión considerable sobre los sistemas sanitarios y la productividad laboral. La actividad física se posiciona, por tanto, no solo como una medida preventiva individual, sino como una política de salud poblacional con potencial impacto en la sostenibilidad económica a largo plazo.
Los investigadores finlandeses concluyen que tanto la actividad física juvenil como la adulta son relevantes, pero el mantenimiento del ejercicio en la edad madura parece ser fundamental para mejorar la capacidad del cuerpo para amortiguar los efectos del estrés hasta bien entrados los cuarenta y cincuenta años. Se requiere mayor investigación longitudinal para detallar los mecanismos precisos por los cuales el ejercicio modula los sistemas de respuesta al estrés.
Fuente: Universidad de Oulu / Publicado originalmente en Psychoneuroendocrinology.