Un reciente análisis chileno, que revisó más de cinco millones de nacimientos entre 1992 y 2012, identificó una correlación significativa entre los primeros episodios de psicosis y la vulnerabilidad social en entornos urbanos, un factor que se potencia con la baja escolaridad de los padres. El estudio, publicado en *The Lancet Regional Health – Americas*, fue liderado por el psicólogo Franco Mascayano de la Universidad Andrés Bello (UNAB), en colaboración con el Ministerio de Salud.
El resultado principal difiere de la evidencia internacional que históricamente ha señalado a la vida urbana como un factor de riesgo independiente para desarrollar psicosis temprana, tal como ocurre en casos de esquizofrenia. Mascayano explicó que el hecho de que la urbe no sea culpable por sí sola constituye un hallazgo importante, pues establece que en el contexto chileno la interacción entre la ciudad y las condiciones socioeconómicas es el detonante principal.
El estudio chileno sugiere que la educación de los padres funciona como un mecanismo protector, transmitiendo un "capital" que ofrece mayores libertades de elección a la descendencia, alineándose con la teoría de las capacidades de Amartya Sen. Esta capacidad de búsqueda y acceso a recursos se convierte en un "GPS" que ayuda a navegar las complejidades de la vida urbana para los sectores más expuestos.
Expertos señalan que fortalecer la educación parental, mejorar las condiciones de vida en barrios vulnerables y asegurar el acceso oportuno a la salud mental son acciones clave para mitigar estos riesgos identificados. La investigación, si bien sólida, no profundizó en el impacto específico de redes de apoyo estatales o comunitarias en el seguimiento de los casos clínicos.
Franco Mascayano, autor principal y director del Programa de Salud Mental Global de la UNAB, expresó preocupación porque el foco reciente en salud mental parece inclinarse hacia trastornos menos graves como la ansiedad, dejando desatendidos los problemas complejos como la psicosis en contextos de alta exclusión social. El académico ha trabajado para desmantelar la estigmatización asociada a estos trastornos en Chile y Latinoamérica.
El experto también advierte sobre una «colonización del diagnóstico» en la región, donde la comprensión de la salud mental sigue siendo demasiado reduccionista y centrada en modelos psiquiátricos limitados, a diferencia de enfoques desconstructivos vistos en Europa o Estados Unidos. Esta visión dicotómica de «loco» o «sano» limita la discusión seria sobre patologías graves.
La implicancia inmediata para las políticas públicas chilenas reside en la necesidad de integrar el análisis de la vulnerabilidad social y la educación parental en las estrategias de prevención psiquiátrica. Abordar la desigualdad estructural se presenta como un pilar fundamental para la salud mental poblacional, especialmente en las grandes urbes del país.