La Era
Internacional

Testimonios médicos revelan escenas de guerra tras la represión de las protestas en Irán

Médicos que huyeron de Irán describen la atención a miles de heridos con lesiones similares a las de combate, forzados a operar bajo la sombra de la vigilancia estatal. El uso de munición real generalizado y el miedo a la detención obligaron a muchos manifestantes a evitar la atención sanitaria formal.

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Wartime Scars: Iranian Doctors Detail Brutal Security Crackdown Amid Economic Unrest
Wartime Scars: Iranian Doctors Detail Brutal Security Crackdown Amid Economic Unrest

Un mes después de la brutal represión de las protestas a nivel nacional en Irán, han comenzado a emerger testimonios directos que pintan un panorama de caos y violencia extrema, comparado por algunos galenos con el escenario de una zona de guerra. Las manifestaciones, iniciadas por el aumento del costo de vida tras la devaluación del rial, escalaron rápidamente, encontrando una respuesta violenta por parte de las fuerzas de seguridad, cuyo alcance real se visibilizó tras el levantamiento parcial del bloqueo informativo impuesto por Teherán.Varios médicos iraníes, que han abandonado el país, relataron a medios internacionales haber sido movilizados durante el pico de la violencia, especialmente las noches del 8 y 9 de enero. Sus relatos convergen en describir escenas que calificaron de “apocalípticas”, con un flujo constante de heridos que saturó las instalaciones médicas. La priorización de casos se hizo necesaria ante la afluencia masiva de pacientes con lesiones por proyectiles.“Imagínese: era jueves por la noche, no había internet, las comunicaciones estaban cortadas, y era extremadamente difícil contactar con médicos para pedirles que vinieran urgentemente a atender a este influjo de gente herida por balas”, relató uno de los doctores. En un acto de solidaridad inusual, incluso hospitales privados, habitualmente costosos, abrieron sus puertas gratuitamente, negándose a rechazar a ningún paciente.Las víctimas abarcaban todas las edades, desde un hombre de 70 años hasta adolescentes de 14. Las heridas se concentraban en cabeza, rostro, abdomen y flancos. El patrón de lesiones cambió drásticamente a partir de la medianoche del 8 de enero, indicando el uso generalizado de fuego real. “Era como si [las fuerzas de seguridad] hubieran recibido órdenes de disparar a todo el mundo, como en tiempos de guerra”, afirmó el médico, quien continuó operando hasta altas horas de la madrugada.Las lesiones sugerían que los afectados intentaban huir, alcanzados por disparos indiscriminados contra la multitud, un patrón distinto al visto en enfrentamientos aislados. Organizaciones como Amnistía Internacional han documentado el uso de armamento letal, incluyendo fusiles de asalto y ametralladoras, disparados de manera continua e indiscriminada contra las multitudes, sugiriendo “asesinatos ilegales masivos a una escala sin precedentes”.El temor a la detención en centros sanitarios llevó a muchos heridos a evitar los hospitales. Algunos recibieron tratamiento clandestino en domicilios privados, en condiciones precarias y con escasez de analgésicos. Otros fueron ingresados bajo identidades falsas, aunque el riesgo de vigilancia persistía, ya que las cámaras de seguridad de los hospitales eran monitoreadas por agentes de inteligencia.La cifra exacta de víctimas es incierta. Agencias de derechos humanos estiman miles de muertos, mientras que fuentes internas citadas por la prensa sugieren que solo en las dos noches clave pudieron fallecer hasta 30.000 personas en las calles. Muchos cuerpos fueron entregados a las familias para ser enterrados en secreto, burlando el registro oficial. Este clima de terror se extendió a los centros médicos, donde se han reportado casos de altercados previos, como el ataque con gases lacrimógenos dentro de un hospital para arrestar a manifestantes en sus camas.La información proviene de testimonios recopilados por France 24 y otras organizaciones internacionales, que están comenzando a reconstruir la magnitud de la represión tras el colapso de las comunicaciones impuestas por el régimen.

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