El primer ministro del Reino Unido, Sir Keir Starmer, ha aterrizado en Pekín para una visita oficial de tres días, marcando el primer viaje de un jefe de gobierno británico a la República Popular China en ocho años. El principal objetivo declarado de Starmer es reanudar y fortalecer las relaciones comerciales y culturales, buscando una postura pragmática hacia la segunda economía mundial tras un periodo de deterioro diplomático.
Durante su llegada, Starmer estuvo acompañado por una delegación de unos 60 líderes empresariales británicos, a quienes aseguró que la misión se centra en asegurar los intereses nacionales del Reino Unido. El primer ministro enfatizó la necesidad de mantener una relación "estratégica y consistente" con Pekín, subrayando que ignorar a China no es una opción viable para la política exterior británica.
No obstante, la visita está cargada de controversia geopolítica. La administración de Starmer enfrenta críticas significativas desde la oposición doméstica por los riesgos percibidos a la seguridad nacional derivados de las actividades de espionaje chinas y la preocupación por el historial de derechos humanos del país, incluyendo el trato a los uigures en Xinjiang y la represión en Hong Kong, ejemplificada por el caso del magnate Jimmy Lai.
Starmer se ha mostrado reacio a detallar públicamente los temas sensibles que abordará con el presidente Xi Jinping, aunque indicó que los desacuerdos se discutirán en privado. Este enfoque busca equilibrar la necesidad de cooperación económica con la firmeza en temas donde existen divergencias fundamentales, manteniendo la postura de no verse forzado a elegir entre Pekín y Washington.
La oposición conservadora ha criticado duramente la visita, particularmente tras la reciente aprobación de planes para una nueva y vasta embajada china en Londres, vista por algunos críticos como un potencial centro de operaciones de inteligencia. Líderes opositores han cuestionado si el acercamiento comercial justifica la aparente concesión en materia de infraestructura diplomática.
El desafío para Starmer radica en navegar la compleja triangulación entre seguridad, comercio y alianzas internacionales, manteniendo la alineación con Estados Unidos mientras busca oportunidades económicas en Asia. La visita, la primera desde 2018, es un termómetro clave para medir la nueva dirección de la política exterior británica en un entorno global cada vez más polarizado.
La información se basa en reportes obtenidos durante la cobertura del viaje del primer ministro británico a la República Popular China.