Protestas en Bagdad reflejan tensión por injerencia externa en política iraquí
Manifestantes en Bagdad quemaron efigies del presidente estadounidense Donald Trump, en clara señal de rechazo a sus declaraciones sobre la posible reincorporación del ex primer ministro Nuri al-Maliki. El suceso subraya la sensibilidad en Irak respecto a cualquier intento percibido de Washington por influir en la composición de su gobierno, un factor recurrente en la geopolítica regional.
Iraqi Street Defies US Political Pressure as Protests Erupt Over Ex-PM al-Maliki
Bagdad se convirtió este miércoles en escenario de una inusual protesta pública que tuvo como blanco directo al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Manifestantes iraquíes quemaron fotografías del mandatario en un acto de repudio a sus recientes declaraciones, en las que aparentemente desaconsejaba el regreso al poder del ex primer ministro Nuri al-Maliki.El simbolismo de la quema de imágenes presidenciales estadounidenses, un acto históricamente cargado en Oriente Medio, refleja una profunda incomodidad dentro de sectores políticos y sociales iraquíes ante lo que interpretan como una injerencia directa en los asuntos soberanos de la nación. Los participantes, que también ondeaban banderas iraquíes, corearon consignas que enfatizaban la autodeterminación política del país.Nuri al-Maliki, quien ya ocupó el cargo de primer ministro durante un período que estuvo marcado por significativas tensiones sectarias y una fuerte dependencia de la asistencia estadounidense post-invasión, sigue siendo una figura polarizante en el panorama político iraquí. Su potencial retorno al liderazgo es visto por algunos como una amenaza a los equilibrios de poder internos y por otros como una garantía de estabilidad basada en su experiencia.El episodio pone de relieve la delicada danza diplomática y de seguridad que Irak debe mantener entre sus socios occidentales y las potencias regionales. La capacidad de Washington para influir en las decisiones de personal clave en el gobierno iraquí sigue siendo un punto de fricción constante, alimentando sentimientos nacionalistas y anti-estadounidenses entre facciones locales.Analistas señalan que estas manifestaciones, aunque localizadas, sirven como un barómetro de la opinión pública respecto a la gestión de la seguridad y la soberanía nacional. En un contexto donde las fuerzas pro-iraníes mantienen una influencia considerable, cualquier presión externa explícita de Estados Unidos sobre la formación del gabinete tiende a galvanizar la oposición política.La Casa Blanca no ha emitido comentarios inmediatos sobre las protestas en Bagdad. Sin embargo, la reacción pública iraquí sugiere que la política exterior estadounidense en la región debe calibrar cuidadosamente sus mensajes para evitar socavar a los gobiernos con los que busca cooperar en materia de seguridad y economía.Fuente: Basado en reportes de Al Jazeera.