El primer ministro de Canadá, Mark Carney, declaró el jueves en Ottawa que ha sido enfático con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la necesidad de respetar la soberanía canadiense, tras revelarse reuniones entre funcionarios del Departamento de Estado y el Alberta Prosperity Project (APP).
El Financial Times informó que el APP, que promueve un referéndum sobre la secesión de la provincia rica en energía, se ha reunido con funcionarios estadounidenses en Washington al menos tres veces desde abril pasado, generando preocupación en Ottawa sobre interferencia en asuntos internos.
Las declaraciones se producen luego de que el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, elogiara a Alberta como un "socio natural para EEUU" y sugiriera que los recursos de la provincia deberían fluir hacia el sur debido a las restricciones canadienses sobre la construcción de ductos.
Jeffrey Rath, líder del APP, confirmó que el grupo busca una nueva reunión con funcionarios de EEUU el próximo mes para discutir una posible línea de crédito de 500.000 millones de dólares para apoyar a Alberta en caso de un futuro referéndum de independencia, el cual aún no ha sido convocado.
Estos acontecimientos tensan las relaciones bilaterales, ya marcadas por disputas comerciales y las reiteradas amenazas de Trump de incorporar a Canadá como el "estado número 51", un sentimiento expansionista que también se ha visto en su interés por Groenlandia.
La potencial injerencia ha provocado fuertes reacciones en Canadá; el primer ministro de Columbia Británica, David Eby, calificó las reuniones como "traición", mientras que el primer ministro de Ontario, Doug Ford, hizo un llamado a la unidad nacional.
El descontento en Alberta se fundamenta en décadas de disputas sobre la gestión federal de sus vastos recursos energéticos, con muchos residentes sintiendo que las regulaciones ambientales limitan su desarrollo y que la provincia contribuye desproporcionadamente al PIB nacional sin tener influencia equivalente.
Aunque el APP busca activar un referéndum mediante la recolección de firmas, la independencia no sería inmediata, ya que cualquier resultado requeriría la validación del gobierno federal bajo la Ley de Claridad, iniciando negociaciones complejas sobre activos y fronteras.