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Internacional

Infraestructura digital: Chile evalúa oportunidades y riesgos de cables submarinos

Los cables de fibra óptica submarinos son la columna vertebral del tráfico global de datos, transportando casi la totalidad de las comunicaciones internacionales. Para Chile, proyectos como el futuro Humboldt ofrecen ventajas estratégicas, pero la potencial conexión directa con Asia, como el cancelado "China-Chile Express", ha desatado tensiones geopolíticas y debates sobre ciberseguridad.

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Los cables submarinos de fibra óptica constituyen la infraestructura esencial que soporta la conectividad digital global, transportando casi la totalidad del tráfico internacional de datos mediante pulsos de luz a través de filamentos de vidrio. Estos sistemas, que suman más de 1,4 millones de kilómetros tendidos bajo el mar, superan en capacidad y latencia a las comunicaciones satelitales, permitiendo transacciones financieras y transferencia masiva de información.

En el contexto chileno, proyectos como Curie, que conecta Valparaíso con California, y Mistral, que integra al país en la costa del Pacífico latinoamericano, han fortalecido la resiliencia de la red nacional. Además, el desarrollo del cable Humboldt busca establecer el primer enlace directo entre Sudamérica y Oceanía, reduciendo la dependencia actual de rutas que convergen en Norteamérica.

La discusión sobre la infraestructura crítica se intensificó tras la cancelación del proyecto “China Express”, que generó advertencias diplomáticas desde Estados Unidos. Expertos señalan que, si bien una conexión directa con Asia reduciría la latencia, esencial para el desarrollo de IA, también introduce desafíos significativos en materia de soberanía de la información.

Germán Gómez, investigador de la Universidad de los Andes, indicó que actualmente la información hacia Asia se redirige a través de Estados Unidos o Europa, pero un cable directo mejoraría la estabilidad. No obstante, Camilo Garrido, académico de la U. Mayor, advierte que China ejerce un control estricto sobre las comunicaciones que pasan por su territorio, lo que implica un riesgo de interrupción unilateral del servicio.

La vulnerabilidad de estos sistemas no reside solo en el tendido físico, sino en las capas de gestión y control en tierra, según Patricia Morales de la U. Federico Santa María. Morales enfatiza la necesidad de analizar quién construye y opera la infraestructura, y de implementar estándares robustos de auditoría y cifrado para mitigar el espionaje.

La decisión sobre qué socios tecnológicos se eligen para estos enlaces definirá la posición geopolítica de Chile en el flujo de datos transpacífico. La diversificación de proveedores y la implementación de políticas estrictas de ciberseguridad son consideradas claves para capitalizar las ventajas de conectividad sin comprometer la seguridad nacional.

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