El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, comunicó a los 193 estados miembros que la organización enfrenta una crisis financiera que amenaza la ejecución de programas y podría llevar a un colapso inminente, según informó en una misiva reciente. Guterres señaló que los fondos podrían agotarse tan pronto como julio si los países no cumplen con sus pagos obligatorios o si no se modifican las reglas financieras internas.
La situación actual es calificada por Guterres como "categóricamente diferente" a crisis pasadas, ya que se han anunciado formalmente decisiones de no honrar las contribuciones evaluadas que financian una parte significativa del presupuesto ordinario. El 77% del total adeudado fue pagado en el último ciclo, dejando una cifra récord pendiente de cobro, lo que pone en riesgo la integridad del sistema multilateral.
Un factor agravante es una regla que obliga a la ONU a devolver a los miembros el dinero no gastado de programas específicos si no puede ejecutar el presupuesto asignado. Esto genera un "doble golpe", forzando a la organización a reembolsar fondos que nunca ingresaron, como ocurrió este mes con la devolución de 227 millones de dólares correspondientes a la evaluación de 2026.
El principal contribuyente, Estados Unidos, ha reducido drásticamente su financiación, incluyendo la negativa a pagar su cuota del presupuesto ordinario en el último ciclo y ofreciendo solo el 30% de lo esperado para operaciones de mantenimiento de la paz. Además, la administración estadounidense retiró fondos de docenas de agencias de la ONU a principios de año, argumentando que promueven agendas globalistas sobre las prioridades nacionales.
La escasez de liquidez ya tiene repercusiones operativas visibles en las sedes, donde se han tomado medidas de austeridad como el apagado regular de escaleras mecánicas y la reducción de la calefacción en Ginebra. Agencias humanitarias, como el Fondo de Población de la ONU en Afganistán, han tenido que cerrar clínicas vitales para madres y bebés, mientras el Programa Mundial de Alimentos recorta raciones para refugiados sudaneses.
Guterres concluyó en su carta que la solución es binaria: o todos los estados miembros cumplen con sus obligaciones de pago en su totalidad y a tiempo, o se requiere una revisión fundamental de las normas financieras para evitar la paralización de la estructura global.
La fragilidad financiera de la ONU se suma a tensiones geopolíticas, especialmente con la postura estadounidense de reevaluar el apoyo a organismos internacionales, lo que podría reconfigurar la arquitectura de cooperación global en áreas críticas como la salud y los derechos humanos.