Un informe reciente de PEN America y el Centro de Información de Derechos Humanos de Mongolia Meridional acusa al gobierno chino de desmantelar sistemáticamente las comunidades digitales que sostenían la lengua y la cultura mongola en la Región Autónoma de Mongolia Interior. Esta represión digital se intensificó tras la imposición en 2020 de una política educativa que sustituyó el idioma mongol por el mandarín en las aulas.
Durante años, el internet representó uno de los pocos espacios libres para que los mongoles compartieran música, literatura y mantuvieran la cohesión comunitaria, a pesar de las previas restricciones digitales. Sin embargo, el estudio, titulado "Salva nuestra lengua materna", documenta cómo la represión fuera de línea se ha trasladado al ciberespacio, afectando infraestructuras clave.
La investigación revela que aproximadamente el 89% de los sitios web culturales mongoles identificados han sido censurados o cerrados permanentemente desde el endurecimiento de las políticas. Además, plataformas sociales esenciales, como la aplicación Bainu, han enfrentado restricciones significativas, limitando la comunicación comunitaria.
El informe también expone la política estatal "Una provincia, un periódico, un cliente", que fomenta que los medios estatales lancen sus propias aplicaciones. Esta medida satura el ecosistema digital, desplazando eficazmente a las plataformas independientes desarrolladas por la comunidad mongola.
Soyonbo Borjgin, periodista exiliado que trabajó para The Inner Mongolia Daily, señaló que el espacio digital era el último foro público para su pueblo después de la prohibición escolar. Borjgin afirmó que palabras clave relacionadas con la identidad, incluyendo referencias a Gengis Kan, son ahora marcadas como "separatistas" y censuradas en línea.
Liesl Gerntholtz, Directora General del Centro PEN/Barbey de Libertad de Escritura, instó a las empresas tecnológicas a prestar atención a esta intersección entre los derechos culturales y la represión digital. Gerntholtz destacó que el caso mongol sirve como un claro ejemplo de cómo la supresión cultural puede ejecutarse a través de plataformas globales.
PEN America y el centro de derechos humanos solicitan una presión coordinada sobre las instituciones internacionales y las empresas tecnológicas para adoptar marcos de derechos culturales. Buscan que las plataformas asuman su responsabilidad y colaboren con organizaciones independientes para ofrecer apoyo digital a las comunidades afectadas en la región.
El impacto económico de estas acciones incluye la limitación de los desarrolladores locales para crear y sostener aplicaciones propias, forzando el uso de plataformas controladas por el Estado. Esto representa una consolidación del control narrativo y económico sobre el espacio digital mongol.