El expresidente de Polonia, Lech Wałęsa, declaró su apoyo a la participación polaca en el Consejo de Paz impulsado por Donald Trump, afirmando que el país debería involucrarse incluso si esto implicara un desembolso de mil millones de dólares, según reportó RMF FM.
Wałęsa matizó que la cifra de mil millones de dólares no sería para 'comprar' un puesto, sino una contribución para asegurar un asiento permanente en el Consejo. Su argumento central es que esta inversión se justificaría por la participación directa en la formulación de decisiones cruciales sobre la paz mundial y la política global.
El político polaco enfatizó que estar en la mesa de negociaciones es vital, recordando las consecuencias históricas negativas de la ausencia de Polonia en acuerdos fundamentales, como los ocurridos en Yalta. Señaló que, aunque el foro pudiera incluir a figuras como Vladimir Putin, la experiencia histórica demuestra el alto precio de ser excluido de la arquitectura de la seguridad mundial.
En el contexto de la política interna, Wałęsa no descartó la posibilidad de liderar el gobierno polaco tras las elecciones de 2027, aunque reconoció no tener contacto actual con Jarosław Kaczyński, líder del partido Ley y Justicia (PiS).
El reporte de RMF FM también mencionó que el periodista cuestionó la presencia de líderes implicados en crímenes de guerra en dicho consejo, a lo que Wałęsa respondió que el criminal debe ser llevado ante la justicia, sin detallar cómo se manejarían tales presencias.
En otra esfera de la actualidad polaca, el gobierno avanza en la legislación relativa a la población ucraniana en el país; un proyecto de ley busca limitar ciertas ayudas y formalizar el estatus de residencia temporal para los casi un millón de refugiados que gozan de protección temporal.
La postura de Wałęsa subraya una visión pragmática sobre la influencia geopolítica, priorizando la capacidad de moldear el futuro orden internacional sobre el coste financiero inmediato, un cálculo recurrente en naciones situadas en fronteras estratégicas de Europa.
El debate sobre la participación en iniciativas lideradas por actores estadounidenses, como Trump, refleja las tensiones entre la alineación atlántica tradicional y la búsqueda de autonomía estratégica en Europa central.