La devastación en la Franja de Gaza se extiende más allá de las bajas y la infraestructura destruida, alcanzando ahora los sitios de sepultura, según testimonios recogidos en la zona. Familias en Gaza City relatan la angustia experimentada tras las operaciones militares israelíes en cementerios como el de al-Batsh, donde se exhumaron tumbas, incluidas las de seres queridos, en el marco de la recuperación de un rehén.
Fatima Abdullah, cuya esposo fue asesinado en diciembre de 2024, describe el terror de anticipar la maquinaria militar acercándose a su tumba. "Incluso los muertos no se salvaron", afirmó Abdullah, describiendo cómo restos fueron esparcidos y lápidas destruidas, lo que representa una violación del derecho fundamental al duelo y a la preservación de la dignidad póstuma.
Las operaciones, que involucraron maquinaria pesada para examinar cerca de 250 tumbas, alteraron significativamente el paisaje del cementerio. Las familias enfrentan ahora la incertidumbre sobre qué restos, si es que hubo alguno, fueron devueltos o si la ubicación original de sus seres queridos se ha perdido permanentemente, complicando cualquier intento de visitas o conmemoraciones futuras.
Organizaciones de derechos humanos, como Euro-Med Human Rights Monitor, han documentado la destrucción o daño severo a aproximadamente 21 de los 60 cementerios en Gaza. Estos actos, que incluyen la exhumación y mezcla de restos, han sido condenados por Hamas y grupos internacionales como una violación flagrante del derecho internacional humanitario.
El impacto emocional se extiende a casos como el de Madeline Shuqayleh, quien perdió a su hermana y sobrina en un ataque y ahora no sabe si las tumbas en al-Batsh fueron restauradas tras la exhumación. Este tipo de incidentes se suma a hallazgos previos de fosas comunes en hospitales como al-Shifa, documentados por la ONU, que ya habían suscitado serias preocupaciones sobre posibles crímenes graves.
La destrucción de sitios de entierro temporales y oficiales subraya un patrón de degradación del proceso de duelo en el enclave. Rola Abu Seedo, por ejemplo, relató cómo la tumba de su padre, enterrado temporalmente cerca de al-Shifa, fue nivelada por bulldozers tras una incursión militar, dejándolo sin un lugar conocido donde rendir homenaje.
Desde una perspectiva geopolítica, estas alegaciones de profanación complican aún más las dinámicas regionales y la rendición de cuentas internacional. La destrucción sistemática de infraestructura funeraria plantea interrogantes sobre el respeto a las convenciones internacionales en zonas de conflicto y añade una capa de trauma irreversible a la población afectada.
La comunidad internacional y los organismos forenses aún luchan por verificar el destino final de miles de restos mortales, mientras las familias en Gaza continúan exigiendo transparencia y el cese de prácticas que niegan el descanso final a sus muertos. (Fuente: Adaptado de reportes de Al Jazeera)