Un buque de carga ruso se retiró de aguas británicas esta semana después de que un helicóptero de ataque de la Royal Navy lo desalojara, según reportó The Telegraph. La embarcación había permanecido anclada durante aproximadamente catorce horas a menos de una milla náutica de cinco cables submarinos vitales que conectan el Reino Unido con Norteamérica y Europa continental.
El incidente, ocurrido en el Canal de Bristol, subraya la elevada vigilancia actual sobre la infraestructura submarina, esencial para el flujo global de datos y las comunicaciones financieras internacionales. El buque Sinegorsk ancló cerca de las una de la madrugada del martes y zarpó a las dos de la tarde del miércoles, momento en el cual la Royal Navy desplegó un helicóptero Wildcat desde la estación aérea naval de Yeovilton.
La ubicación de la detención es geopolíticamente sensible, ya que los cables afectados incluyen rutas clave como la TGN Atlantic, que conecta el Reino Unido con Nueva York, y otros enlaces con España y Portugal. Estos sistemas transportan terabits de datos por segundo, siendo blancos potenciales para operaciones de inteligencia o sabotaje.
El Ministerio de Defensa británico confirmó su conciencia sobre las amenazas rusas, incluyendo los intentos de mapeo de redes submarinas y tuberías pertenecientes al Reino Unido y sus aliados. La Marina Real mantiene una vigilancia constante para salvaguardar esta infraestructura crítica, según declaraciones oficiales citadas por el medio británico.
El Departamento de Transporte del Reino Unido indicó que se emitió una advertencia clara al Sinegorsk, instruyéndole a abandonar el área tras alegar que ingresó para realizar reparaciones de seguridad esenciales. Sin embargo, la sombra de actividades previas de buques rusos mapeando la costa atlántica europea genera escepticismo sobre esta justificación.
Políticos de la oposición, como la ministra de seguridad en la sombra Alicia Kearns, calificaron los movimientos del buque como profundamente sospechosos, viéndolos como un recordatorio de las amenazas persistentes provenientes de Moscú. La tensión se mantiene elevada tras incidentes recientes de cortes de cables en otras regiones, como el Mar Báltico.
Las implicaciones para la economía y la seguridad europeas son significativas, dado que cualquier interrupción en estos troncales de fibra óptica podría paralizar transacciones financieras y comunicaciones gubernamentales. La capacidad de respuesta rápida de la Royal Navy en este caso específico demuestra un enfoque proactivo en la defensa de estas arterias digitales.