Un tribunal federal en San Francisco condenó al exingeniero de Google, Linwei Ding, de 38 años, por robo de secretos comerciales relacionados con la inteligencia artificial (IA) y su transferencia a empresas chinas. Ding, ciudadano de la República Popular China, fue hallado culpable tras sustraer información confidencial sobre el hardware y software de IA que proporcionaba a Google una ventaja competitiva clave en el mercado global.
Los fiscales confirmaron que Ding extrajo miles de páginas de información sensible desde aproximadamente tres años después de su contratación en 2019. Esta propiedad intelectual detallaba desarrollos en plataformas y microchips fundamentales, áreas donde Google compite directamente con gigantes tecnológicos como Microsoft y Amazon.
Cada cargo de espionaje económico al que se enfrentó Ding conlleva una pena máxima de hasta 15 años de prisión, además de cuantiosas multas impuestas por el tribunal. El ingeniero se encuentra actualmente a la espera de la imposición formal de la sentencia, según reportaron fuentes judiciales.
El caso fue coordinado por un grupo de trabajo interinstitucional especializado, establecido en 2023 específicamente para combatir el espionaje tecnológico dirigido contra corporaciones estadounidenses. Esta coordinación refleja la alta prioridad que el gobierno estadounidense otorga a la protección de su propiedad intelectual en sectores estratégicos.
La acusación se centra en la violación de la confianza depositada en un empleado con acceso privilegiado a tecnologías que forman la base de la futura economía digital. La naturaleza de los secretos robados, centrados en infraestructura de IA, eleva la preocupación sobre la transferencia de capacidades críticas al extranjero.
Este veredicto envía una señal clara sobre las consecuencias legales para el robo de propiedad intelectual en el ámbito de la alta tecnología. Las empresas multinacionales continúan reforzando sus protocolos de seguridad internos ante la persistencia de amenazas estatales y corporativas.
Las implicaciones geopolíticas del caso son significativas, ya que refuerzan la narrativa estadounidense sobre la necesidad de restringir el flujo de conocimiento avanzado hacia competidores estratégicos. El desarrollo del juicio y la sentencia serán observados de cerca por el sector tecnológico global.