Investigadores de la Universidad de Pensilvania y la Universidad de California en Irvine han identificado un factor biológico que podría explicar por qué algunas personas desarrollan trastorno de estrés postraumático (TEPT) y otras no. El estudio, publicado en la revista Neuron, indica que el estado en el que se encuentra el cerebro en el momento exacto de un evento traumático determina cómo se almacenan y procesan los recuerdos.
La Dra. Elizabeth Heller, profesora asociada de farmacología en Penn, dirigió al equipo en el mapeo de cómo el estrógeno interactúa con el empaquetamiento del ADN en el hipocampo. Aunque se sabe que el estrógeno favorece el aprendizaje y la memoria, esta flexibilidad puede convertirse en un inconveniente durante situaciones de estrés intenso.
“Gran parte de lo que determina la vulnerabilidad es el estado en el que ya se encuentra tu cerebro”, señaló Heller. “Si un evento traumático ocurre durante un periodo en el que los niveles de estrógeno son inusualmente altos, la plasticidad resultante puede amplificar el impacto de forma duradera, fomentando la vulnerabilidad al estrés”.
Cuestionando las suposiciones de género en la neurociencia
Durante décadas, la mayor prevalencia de TEPT en mujeres —quienes enfrentan aproximadamente el doble de riesgo a lo largo de su vida en comparación con los hombres— llevó a muchos a considerar la investigación sobre el estrógeno como un tema exclusivo de la salud femenina. Sin embargo, Heller enfatiza que el cerebro produce su propio estrógeno de forma local y que estos niveles fluctúan en ambos sexos.
“Solemos tratar al estrógeno como una hormona de salud femenina, pero el cerebro produce su propio estrógeno y este desempeña funciones poderosas en el estrés, la memoria, el estado de ánimo y las emociones en ambos sexos”, añadió Heller. El estudio sugiere que la presencia de esta hormona en el hipocampo hace que el cerebro sea más susceptible a los cambios celulares que derivan en recuerdos intrusivos y persistentes.
Este descubrimiento desplaza el enfoque de la investigación sobre el trauma, pasando de las experiencias puramente psicológicas al entorno molecular del cerebro. Al comprender cómo el estrógeno modifica la estructura de la cromatina —el empaquetamiento del ADN dentro de las células—, los científicos esperan predecir mejor quiénes podrían tener un mayor riesgo de sufrir disfunciones de memoria a largo plazo tras un trauma.
Los hallazgos también ofrecen una posible explicación a la observación de que las mujeres enfrentan un mayor riesgo de demencia en etapas posteriores de la vida. A medida que los investigadores continúan mapeando estas vías biológicas, el objetivo es comprender mejor cómo el estrés acumulado “enciende” el cerebro, haciéndolo más reactivo ante futuros eventos desestabilizadores. El trabajo subraya que la resiliencia es, a menudo, producto tanto del contexto ambiental como del estado químico del cerebro en el momento de un incidente.