El Ministerio de Salud de Chile implementó una actualización en sus Guías Alimentarias para el país, posicionando a la cocina tradicional como una herramienta clave para reducir el consumo de alimentos ultraprocesados.
Las nuevas directrices promueren una dieta basada en productos naturales, preparaciones caseras y el uso de ingredientes locales. El objetivo central es disminuir la dependencia de productos envasados que presentan altos niveles de sodio, azúcares y grasas saturadas.
Recetas históricas como el charquicán, la cazuela, las humitas y los porotos granados se alinean con este nuevo enfoque de salud pública. Estas preparaciones utilizan principalmente alimentos frescos o con un mínimo procesamiento.
Nutrición y tradición
La estrategia busca que las familias vuelvan a cocinar en casa para aumentar el consumo de legumbres, frutas y verduras. Este cambio de hábito permite evitar los aditivos y el exceso de sal presentes en snacks y comidas listas para consumir.
El uso de ingredientes como pescados, carnes frescas y cereales naturales fortalece el aporte nutricional de la dieta diaria. Además, la adopción de estas recetas fomenta el consumo de productos locales y la educación alimentaria dentro del hogar.
Expertos sugieren que es posible adaptar platos tradicionales para reducir el uso de frituras o grasas sin perder su esencia. De esta forma, la cocina chilena actúa como un puente entre la identidad cultural y las necesidades sanitarias actuales.