La escena musical nigeriana lamenta la pérdida de Ifunanya Nwangene, de 26 años, quien murió el sábado en Abuya después de sufrir una mordedura de serpiente en su apartamento. Nwangene había ganado notoriedad en 2021 tras participar en la versión local del concurso de talentos The Voice Nigeria, donde era reconocida por fusionar géneros como el jazz, el ópera y el soul.
Según reportes de allegados, la mordedura ocurrió mientras dormía y posteriormente se encontraron dos serpientes en la vivienda, una de las cuales fue identificada como una cobra por testigos presenciales. Tras buscar tratamiento inicial en una clínica que no disponía de antídotos, fue trasladada a un centro hospitalario.
Sam Ezugwu, director musical del Coro Amemuso donde Nwangene cantaba, declaró a la BBC que el hospital poseía uno de los antívernos necesarios, pero no el segundo requerido para estabilizarla mientras luchaba contra la insuficiencia respiratoria. Ezugwu intentó conseguir el suero faltante sin éxito antes del deceso de la artista.
El Centro Médico Federal, Jabi, emitió un comunicado negando las acusaciones de tratamiento inadecuado, afirmando que su personal proporcionó atención inmediata y administró antíveno polivalente. El centro sostuvo que el deterioro repentino de la paciente ocurrió antes de que pudieran trasladarla a cuidados intensivos, y que los esfuerzos de reanimación resultaron infructuosos.
El incidente ha catalizado una discusión más amplia en Nigeria sobre las deficiencias sistémicas en la sanidad pública, sumándose a otras controversias recientes sobre negligencia médica. El ministro de Salud de Nigeria reconoció previamente los "desafíos sistémicos" y anunció la creación de un grupo de trabajo nacional sobre gobernanza clínica y seguridad del paciente.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que las mordeduras de serpientes venenosas son un problema de salud pública frecuentemente desatendido en países tropicales y subtropicales. Solo en África subsahariana, se estima que estas mordeduras causan cerca de 30.000 muertes anualmente, muchas de ellas no registradas debido a la dependencia de curanderos tradicionales.
Un factor clave que exacerba la crisis es la escasez y el alto costo del antíveno, cuya distribución se complica por la necesidad de refrigeración en regiones con suministro eléctrico inestable. La ubicación de la víctima, en una zona urbana de Abuya, ha sorprendido a muchos, dado que la mayor carga de estos accidentes recae en comunidades rurales.