La obstetricia y ginecología se perfilan como un resguardo crítico para la salud de las mujeres en Chile, en un contexto donde el sistema público de salud enfrenta retrasos cada vez mayores. Datos oficiales del Ministerio de Salud indican que, a finales de 2025, los pacientes enfrentan una espera media de 226 días para consultas de especialidad y 251 días para procedimientos quirúrgicos.
Estos retrasos ejercen una presión significativa sobre la infraestructura sanitaria nacional. En respuesta, los defensores de la salud están volcando sus esfuerzos hacia la atención primaria y los servicios de salud reproductiva para garantizar que los pacientes reciban un seguimiento constante y una intervención oportuna.
APROFA, una organización de salud reproductiva con seis décadas de trayectoria, insta a los pacientes a priorizar sus chequeos anuales. El grupo sostiene que la gestión proactiva de la salud es la forma más eficaz de evitar complicaciones a largo plazo.
“Promovemos que las personas realicen al menos un chequeo anual de salud sexual y reproductiva, ya que constituye una herramienta fundamental para el autocuidado”, señalaron representantes de APROFA. “La información y la orientación profesional permiten que las personas tomen decisiones informadas y se anticipen a posibles problemas de salud”.
El rol estratégico de las matronas en la prevención
Las matronas ofrecen mucho más que evaluaciones clínicas; actúan como educadoras y guías dentro de un sistema complejo. Al realizar controles periódicos, detectan factores de riesgo de manera temprana y gestionan las derivaciones necesarias a especialistas médicos, asegurando un enfoque integral para el bienestar del paciente.
Los protocolos de atención preventiva recomendados por los profesionales de la salud incluyen una variedad de exámenes adaptados a la edad y al historial personal. El Papanicolaou (PAP) sigue siendo la herramienta principal para la detección temprana del cáncer cervicouterino, recomendado para mujeres a partir de los 25 años. De igual manera, las pruebas de detección del virus del papiloma humano (VPH) se sugieren generalmente para personas mayores de 30 años.
En cuanto a la salud mamaria, los profesionales enfatizan tanto los exámenes físicos como las mamografías. Si bien los autoexámenes ayudan a que las pacientes conozcan su propio cuerpo, las mamografías suelen recomendarse a partir de los 40 años para identificar lesiones antes de que sean palpables.
Más allá de la salud reproductiva, el alcance de la atención primaria incluye herramientas de diagnóstico más amplias. Los profesionales utilizan ecografías transvaginales para monitorear quistes o miomas, y realizan análisis de sangre para detectar infecciones de transmisión sexual y marcadores de salud general.
Las evaluaciones de próstata también se incluyen en las estrategias de salud integral para hombres, con pruebas que generalmente comienzan a los 40 años, dependiendo de los factores de riesgo individuales. Los expertos en salud subrayan que la frecuencia y la necesidad específica de estos exámenes deben determinarse mediante una consulta con un profesional calificado, para asegurar que la atención esté correctamente alineada con el perfil individual de cada paciente.