Las mujeres jóvenes en Chile están consumiendo alcohol a tasas más altas que los hombres, lo que marca un cambio significativo en los patrones nacionales de consumo de sustancias. Las cifras del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda) indican que el 32,5% de las estudiantes mujeres reportó haber bebido en el último mes, en comparación con el 27,2% de los estudiantes varones.
Esta tendencia es particularmente aguda en la educación superior. Entre los más de 28.000 estudiantes encuestados, el 60,5% de las mujeres que consumen alcohol reportó episodios de embriaguez. El estudio también registró una tasa de uso del 5,7% de tranquilizantes sin receta en este grupo demográfico.
El vínculo con la salud mental
Los expertos sostienen que este aumento tiene sus raíces en problemas de salud mental. El Dr. Matías Ibáñez, director de Clínica Pellet Chile, señala que las jóvenes en el país reportan niveles de ansiedad y depresión más altos que los hombres, utilizando a menudo el alcohol como una forma de automedicación emocional.
“Muchas veces el consumo no es el problema de fondo, sino la forma en que se intenta gestionar la ansiedad, la depresión o el malestar emocional”, afirmó Ibáñez. “El alcohol funciona como una válvula de escape momentánea, pero el costo posterior es más alto”.
La normalización del consumo de alcohol en entornos sociales, especialmente entre universitarios, ha reducido la percepción de riesgo. Este cambio cultural, sumado a la presión de grupo, dificulta la intervención temprana, sobre todo para quienes mantienen un estilo de vida funcional durante la semana laboral.
Estos “bebedores de fin de semana” suelen pasar desapercibidos porque no encajan en la imagen tradicional de una persona con problemas de adicción. El Dr. Ibáñez advierte que el estigma que rodea al consumo femenino de alcohol impide que muchas busquen ayuda hasta que la situación se vuelve crítica.
Las señales de alerta comunes incluyen amnesia post-consumo, ansiedad o depresión intensa tras la resaca y cambios de comportamiento durante la embriaguez. Los expertos aconsejan a las familias estar atentas a conflictos recurrentes y promesas incumplidas sobre el autocontrol.
Una recuperación exitosa requiere más que una intervención médica aislada. El Dr. Ibáñez aboga por un modelo de tratamiento de cuatro pilares que incluya psicoterapia, apoyo familiar, actividad física y tratamiento farmacológico. Subraya que las ayudas médicas, como los implantes, son solo un punto de partida.
“Siempre les digo a mis pacientes que el pellet es el bote; los mantiene a flote”, explicó Ibáñez. “Pero para llegar a la orilla, tienen que remar. Y remar solo no es suficiente”.