Casi un siglo después de que Alexander Fleming descubriera la penicilina, los profesionales de la salud luchan por corregir los conceptos erróneos que persisten en la población sobre este antibiótico. Macarena Ruiz, académica de la Universidad Andrés Bello en Concepción, señala que estos mitos contribuyen al peligroso incremento de la resistencia bacteriana.
Desmitificando creencias médicas persistentes
Muchos pacientes creen erróneamente que la penicilina puede tratar infecciones virales como el resfriado común o la gripe. Ruiz explica que, debido a que la penicilina está diseñada específicamente para combatir bacterias, no tiene ningún efecto sobre los virus.
"Cuando enfermedades como el resfriado común o la gripe son causadas por virus, el uso de penicilina no genera ningún beneficio", afirmó Ruiz. "No actúa sobre agentes virales, ni mejora los síntomas ni acorta la duración de la enfermedad".
Ruiz también abordó la creencia común de que una alergia a la penicilina diagnosticada en la infancia es una condición de por vida. La experta señala que muchas personas que reportan ser alérgicas en realidad experimentaron una reacción adversa leve o una erupción cutánea que no constituía una verdadera respuesta alérgica. Según Ruiz, las investigaciones sugieren que hasta el 90% de quienes creen ser alérgicos a la penicilina en realidad no lo son. Por ello, recomienda a los pacientes someterse a pruebas formales para confirmar o descartar la alergia, ya que la penicilina sigue siendo una opción de tratamiento vital para muchas infecciones bacterianas.
Otro problema significativo es que los pacientes interrumpen el tratamiento apenas se sienten mejor. Ruiz advierte que esta conducta es uno de los principales factores que conducen al fracaso terapéutico y a la resistencia bacteriana.
"Aunque el paciente se sienta mejor, es posible que las bacterias sigan vivas en el organismo", explicó. "Si el tratamiento se interrumpe antes de lo indicado, esas bacterias pueden sobrevivir y volverse aún más resistentes".
Las agencias de salud pública, incluyendo el Ministerio de Salud de Chile (MINSAL) y el Instituto de Salud Pública (ISP), han intensificado sus esfuerzos para regular la venta de antibióticos. Estas políticas buscan garantizar que los medicamentos se dispensen únicamente bajo receta médica.
Ruiz enfatiza que la responsabilidad de preservar la eficacia de estos fármacos recae en la ciudadanía. Aconseja a los pacientes seguir estrictamente las indicaciones médicas, evitar la automedicación y consultar a un profesional antes de asumir que tienen una alergia a los antibióticos. Proteger estos medicamentos es una cuestión de salud pública, ya que su uso innecesario amenaza la capacidad de la medicina moderna para tratar infecciones comunes en el futuro.