Un estudio de neuroimagen realizado en Italia encontró que los pacientes con trastorno bipolar que reportaron más experiencias adversas en la infancia tendieron a tener una peor integridad de la materia blanca cerebral. Esta asociación también estuvo presente en pacientes con depresión, aunque los efectos fueron menos pronunciados y estructuralmente diferentes. La investigación fue publicada en la revista European Neuropsychopharmacology.
Los investigadores analizaron a 260 pacientes ingresados en el hospital San Raffaele durante un episodio depresivo activo. Ciento cuarenta de ellos fueron diagnosticados con trastorno depresivo mayor, mientras que 120 tenían un diagnóstico de trastorno bipolar. Las edades de los pacientes oscilaban entre 21 y 69 años durante el estudio.
Los participantes se sometieron a escaneos de resonancia magnética de la estructura cerebral para evaluar la integridad de la materia blanca. Un subgrupo de 162 pacientes proporcionó muestras de sangre, lo que permitió a los investigadores calcular las Puntuaciones de Riesgo Poligénico. Estas puntuaciones estiman la predisposición genética individual para desarrollar trastornos psiquiátricos específicos.
Los resultados mostraron que el trauma infantil afectó negativamente la materia blanca en pacientes con trastorno bipolar independientemente de su puntuación de riesgo genético. En cambio, en los pacientes deprimidos, aquellos con alto riesgo genético para el trastorno bipolar mostraron cambios similares a los del grupo bipolar. Los pacientes deprimidos con bajo riesgo genético mostraron una respuesta biológica opuesta al trauma.
Marco Paolini y sus colegas señalaron que los efectos de las experiencias adversas en la infancia sobre la integridad de la materia blanca dependen del diagnóstico de salud mental. Anteriormente se sabía que el trauma infantil podía ser perjudicial, pero la naturaleza de este daño variaba según la patología. Este hallazgo sugiere rutas fisiopatológicas distintas para el desarrollo de ambos trastornos.
Las experiencias adversas en la infancia incluyen abuso físico, emocional, negligencia y exposición a violencia doméstica. Estos eventos pueden alterar el desarrollo del cerebro y los sistemas de regulación del estrés durante periodos críticos. Estudios previos han vinculado estas experiencias con un mayor riesgo de problemas de salud mental y física crónica. Además, la presencia de relaciones de apoyo puede amortiguar los efectos negativos de estas experiencias adversas.
Los autores concluyeron que los hallazgos dan credencia a la noción de una biología de la enfermedad compartida con el trastorno bipolar en una porción de pacientes con depresión mayor. Esto podría proporcionar herramientas futuras para desentrañar la heterogeneidad del trastorno depresivo mayor. Sin embargo, el diseño del estudio no permite inferencias causales definitivas. La información sobre las experiencias adversas se basó en el recuerdo de la infancia, lo que deja espacio para posibles sesgos de memoria.
A pesar de estas limitaciones, el estudio contribuye a la comprensión científica de los fundamentos neurales de los trastornos de salud mental. La investigación abre nuevas vías para entender cómo el entorno temprano moldea la biología cerebral a largo plazo. Los resultados sugieren que la depresión mayor es un diagnóstico altamente heterogéneo.