Muchas personas intentan recuperarse de una agotadora semana de trabajo durmiendo hasta tarde los sábados y domingos. Sin embargo, los expertos señalan que esta estrategia es una falacia fisiológica que no logra reparar el daño causado por la privación crónica de sueño.
María Ángeles Bonmatí, profesora de anatomía y psicobiología de la Universidad de Murcia, sostiene que el cuerpo no entiende el sueño como una deuda que se pueda saldar el fin de semana. Nuestro reloj circadiano interno no distingue entre obligaciones laborales y tiempo libre, lo que significa que el organismo mantiene su ritmo independientemente del calendario.
“Podemos afirmar que no es posible compensar el daño acumulado en la salud metabólica durmiendo más el fin de semana”, escribió Bonmatí en un artículo para The Conversation. “La falta de sueño diario no se corrige con un descanso ocasional”.
El costo fisiológico de un descanso irregular
Los fisiólogos enfatizan que la regularidad en el sueño es una necesidad biológica fundamental. Los adultos requieren entre siete y ocho horas de descanso cada noche para mantener sus funciones metabólicas, cardiovasculares y cognitivas básicas.
Ignorar estos requisitos aumenta el riesgo de sufrir problemas de salud graves a largo plazo, incluyendo el envejecimiento prematuro y ciertos tipos de cáncer. Cuando las personas no alcanzan sistemáticamente sus objetivos de sueño nocturno, el desgaste fisiológico resultante no puede revertirse con unas pocas horas extra en la cama un domingo por la mañana.
A pesar de estas advertencias, investigaciones recientes sugieren que existe un estrecho margen de error. Algunos estudios indican que dormir un poco más el fin de semana podría ofrecer beneficios menores para la salud mental, siempre y cuando el cambio de horario sea mínimo.
Los expertos recomiendan que la diferencia entre la hora de despertarse durante la semana y el fin de semana no supere las dos horas. Por ejemplo, si una persona se levanta habitualmente a las 6:00 a. m. para trabajar, no debería hacerlo más tarde de las 8:00 a. m. en sus días libres.
Este umbral de “jet lag social” evita una mayor alteración del reloj interno del cuerpo, al tiempo que permite una recuperación moderada. Sin embargo, los investigadores mantienen que, en última instancia, no hay sustituto para una rutina de sueño estable y saludable durante toda la semana.