Nuevas investigaciones sugieren que la ansiedad social en algunos adolescentes se manifiesta externamente a través de la agresión y la impulsividad, en lugar de la evitación y el silencio comúnmente asociados con la timidez. Este hallazgo, publicado en *Personality and Individual Differences*, indica una heterogeneidad clínica que requiere nuevas aproximaciones diagnósticas.
La autora principal, Mollie J. Eriksson de la Universidad McMaster, señaló que la clasificación formal de la fobia social ha moldeado la comprensión predominante hacia una presentación inhibida. Sin embargo, esta visión prototípica no refleja la experiencia vivida por muchos individuos que experimentan síntomas de ansiedad social.
El equipo de investigación analizó datos de 298 adolescentes entre 12 y 17 años, utilizando cuestionarios de autoinforme para medir ansiedad social, narcisismo (vulnerable y grandioso), impulsividad y agresión. Los investigadores aplicaron el Análisis de Perfiles Latentes para identificar patrones de coocurrencia de estos rasgos.
El análisis estadístico robusto reveló tres perfiles distintos: uno normativo con bajos niveles de todos los rasgos; un segundo grupo que se ajusta al perfil prototípico con alta ansiedad y narcisismo vulnerable; y un tercer grupo caracterizado por ansiedad social moderada junto con alta impulsividad, agresión y niveles elevados de narcisismo grandioso y vulnerable.
Este tercer perfil representa la presentación atípica, donde la ansiedad social se externaliza. Los investigadores notaron que los varones tenían mayor probabilidad de pertenecer a este grupo agresivo, lo que podría reflejar normas de socialización que desalientan la expresión de vulnerabilidad en los hombres.
Reconocer esta heterogeneidad es crucial para intervenciones tempranas, ya que los tratamientos estándar para la ansiedad social podrían ser ineficaces para aquellos que reaccionan con agresión en lugar de inhibición. Los hallazgos replican resultados previos observados en poblaciones adultas, fortaleciendo la validez de estos patrones.
Los autores advierten que estos perfiles no deben interpretarse como categorías diagnósticas fijas, sino como patrones de síntomas que coexisten en una ventana de desarrollo específica. Se requiere investigación longitudinal para establecer si los rasgos de personalidad preceden a la ansiedad o se desarrollan concurrentemente.