La Era
14 abr 2026 · Actualizado 05:46 a. m. UTC
Medio Ambiente

México reactiva planes de fracking para reducir su dependencia del gas estadounidense

El gobierno mexicano ha anunciado planes para utilizar la fracturación hidráulica en la extracción de gas no convencional, marcando un giro político orientado a alcanzar la soberanía energética en la próxima década.

Rodrigo Vega

2 min de lectura

México reactiva planes de fracking para reducir su dependencia del gas estadounidense
A hydraulic fracturing site.

El gobierno de México implementará la fracturación hidráulica, conocida como fracking, para extraer reservas de gas no convencional como parte de una estrategia para reducir la dependencia de las importaciones energéticas provenientes de Estados Unidos. Petróleos Mexicanos (Pemex) supervisará las labores de extracción, lo que supone un cambio significativo en la política energética de la actual administración.

Durante una conferencia de prensa el 8 de abril, funcionarios de la Secretaría de Energía y de Pemex presentaron una hoja de ruta para impulsar la producción nacional de gas. El director de Pemex, Víctor Rodríguez, afirmó que la administración pretende emplear nuevos estándares técnicos que "aminorarán el daño al medio ambiente" en comparación con los métodos tradicionales.

La mecánica de la extracción

El fracking consiste en perforar a gran profundidad formaciones rocosas, como el esquisto, donde la permeabilidad es demasiado baja para que el gas fluya de forma natural hacia un pozo. Los operadores perforan verticalmente varios kilómetros antes de girar la broca horizontalmente a través de la capa rocosa. Posteriormente, inyectan una mezcla a alta presión de agua, arena y aditivos químicos para fracturar la piedra.

Una vez que la roca se agrieta, la arena mantiene las fisuras abiertas, permitiendo que los hidrocarburos atrapados fluyan hacia la superficie. El fluido de inyección suele estar compuesto por un 90% de agua, un 9.5% de arena y un 0.5% de aditivos químicos.

Esta política representa un claro alejamiento de la postura del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien había prohibido de facto esta práctica. Aunque la administración anterior de Enrique Peña Nieto inició la exploración en yacimientos no convencionales, el proyecto había permanecido estancado durante años debido a la oposición ambientalista.

Organizaciones ecologistas e instituciones académicas han hecho sonar las alarmas sobre el impacto potencial de esta decisión. Según WWF México, la fracturación de un solo pozo requiere millones de litros de agua, lo que conlleva el riesgo de contaminar acuíferos subterráneos a través de fugas o derrames.

La Alianza Mexicana contra el Fracking advierte que las aguas residuales recuperadas suelen contener metales pesados y materiales radiactivos, lo que supone un riesgo tanto para las comunidades humanas como para la fauna local. Además, investigadores de la Escuela del Clima de la Universidad de Columbia señalan que el fracking contribuye al calentamiento global mediante fugas de metano y puede provocar actividad sísmica inducida en las regiones de perforación.

Para hacer frente a estas críticas, la propuesta del gobierno destaca el uso de tecnología actualizada. Las autoridades aseguran que darán prioridad al reciclaje de agua, utilizarán fuentes no potables para proteger el suministro humano y reducirán significativamente el uso de aditivos químicos en el proceso de extracción.

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