Residentes ucranianos, como Yulia Hailunas en Dnipro, enfrentan temperaturas interiores gélidas tras los ataques rusos dirigidos a la infraestructura energética, sobreviviendo con abrigos y métodos improvisados de calentamiento. El temor principal es el pronóstico de temperaturas que caerán por debajo de -20 grados Celsius este fin de semana, lo que podría provocar la ruptura de las tuberías de calefacción, según reportó la BBC.
El expresidente estadounidense Donald Trump anunció que Vladímir Putin acordó suspender los ataques a las principales ciudades ucranianas durante la ola de frío, calificándolo de gesto positivo. Sin embargo, el Kremlin aclaró que esta tregua energética finalizará el domingo, coincidiendo con el pico de las bajas temperaturas, lo que siembra dudas sobre su efectividad real.
Expertos y ciudadanos señalan que no ha habido un ataque a gran escala desde el 24 de enero, pero la quietud podría ser coincidencia, no una garantía de cese. Yulia Hailunas sospecha que el objetivo ruso es desmoralizar a la población para forzar concesiones políticas a su gobierno, aunque afirma que el espíritu de resistencia se mantiene.
Los ataques a la infraestructura energética, que han ocurrido por cuarto invierno consecutivo, contravienen las leyes de la guerra, específicamente las que prohíben dañar infraestructura civil de manera que cause daño excesivo a la población. Cada ataque sucesivo debilita la red, dificultando las reparaciones necesarias antes de la llegada del frío extremo.
Adicionalmente, Ucrania experimentó cortes de energía el sábado debido a una "disrupción técnica" en las líneas que conectan su red con Rumania y Moldavia, demostrando la fragilidad del sistema incluso sin bombardeos directos. Ingenieros trabajan sin descanso para restaurar el servicio y descongelar las tuberías subterráneas en grandes núcleos urbanos.
Mientras los esfuerzos diplomáticos continúan, con negociaciones programadas en Emiratos Árabes Unidos, la desconfianza persiste. Ucrania ha indicado su disposición a detener ataques a refinerías rusas para mostrar buena fe a los esfuerzos de mediación de Estados Unidos, pero la seguridad interna sigue siendo prioritaria.
En el frente oriental y en ciudades cercanas como Kherson, los combates continúan intensos, forzando evacuaciones masivas. Familias desplazadas, como Kateryna y su madre Iryna, han abandonado sus hogares ante el avance del conflicto y los ataques diarios de drones, buscando refugio y asistencia básica.