Las fuerzas ucranianas han iniciado una campaña coordinada de ataques con drones contra la infraestructura energética más crítica de Rusia, alcanzando importantes terminales de exportación tanto en el mar Báltico como en el mar Negro. Los ataques, ocurridos durante los últimos días, tienen como objetivo paralizar la capacidad de Moscú para financiar su esfuerzo bélico mediante la interrupción de los ingresos por exportación de petróleo.
En San Petersburgo, los residentes informaron de un persistente olor a productos químicos quemados tras los ataques a las principales terminales petroleras de la ciudad. Estas instalaciones gestionan casi el 40 por ciento de las exportaciones rusas de petróleo por vía marítima, según datos de la Agencia Internacional de Energía.
Más al sur, el puerto de Novorossiysk se convirtió en un objetivo principal. El comandante de las fuerzas de drones ucranianas, Robert Brovdi, confirmó que la operación tuvo como blanco al buque portamisiles Almirante Makarov, atracado en este centro del mar Negro.
Funcionarios militares rusos informaron haber interceptado 148 drones en un lapso de tres horas. A pesar de estas defensas, imágenes verificadas muestran incendios significativos en los muelles del puerto, y las autoridades de Novorossiysk confirmaron que los escombros causaron daños en zonas residenciales y dejaron al menos ocho heridos, incluidos dos niños.
Los ataques también afectaron a la terminal del Consorcio del Oleoducto del Caspio (CPC), una instalación vital que exporta petróleo desde Kazajistán y que cuenta entre sus accionistas con importantes empresas estadounidenses como Chevron y ExxonMobil. El Ministerio de Defensa ruso acusó a Kiev de un intento deliberado de infligir daño económico a inversores internacionales.
"El régimen de Kiev atacó deliberadamente las instalaciones de la compañía internacional de transporte de petróleo Caspian Pipeline Consortium con el fin de infligir el máximo daño económico a sus mayores accionistas: empresas energéticas de Estados Unidos y Kazajistán", declaró el ministerio en un comunicado.
Creciente preocupación por sabotajes
Mientras la campaña de drones se centraba en los puertos del sur y del norte, el Kremlin también puso su atención en la seguridad energética en Europa. Funcionarios rusos anunciaron el lunes que es "altamente probable" que Ucrania colocara explosivos cerca de un gasoducto en Serbia que suministra combustible ruso a Hungría.
Aunque el Kremlin admitió que actualmente no hay pruebas concluyentes, declararon que esperan encontrar evidencias de la implicación ucraniana en los próximos días. Estos acontecimientos se producen mientras Moscú lucha por mantener los niveles de exportación tras las recientes exenciones de sanciones otorgadas por Estados Unidos para aliviar las restricciones del suministro energético mundial.
Para los habitantes de la segunda ciudad de Rusia, la guerra ya no es un conflicto lejano. Konstantin, un residente de San Petersburgo de 53 años, describió el ambiente mientras el olor a crudo y combustible quemado impregnaba el aire durante las últimas dos semanas. Los ataques representan un cambio en la geografía del conflicto, trasladando los costes físicos y económicos de la guerra directamente al corazón de los centros industriales de Rusia.