Desde agosto de 2025, Ucrania ha acelerado su campaña de ataques contra objetivos situados profundamente dentro de la Federación Rusa. Este patrón operativo marca un cambio estratégico, impulsado en gran medida por la disponibilidad creciente de capacidades ofensivas de fabricación interna.
La reticencia de los aliados occidentales a autorizar el uso de misiles de largo alcance, proporcionados por Occidente, para golpear dentro del territorio ruso ha forzado a Kiev a buscar alternativas autóctonas. La respuesta ha sido la masificación y el perfeccionamiento de sus sistemas de drones domésticos.
Fuentes diversas indican que, si bien existe una cautela internacional sobre el empleo de armamento occidental para ataques transfronterizos, no ha habido objeciones explícitas contra el uso de estas plataformas no tripuladas producidas localmente. Este matiz legal o político ha permitido a Ucrania mantener una presión constante en la retaguardia rusa.
Incluso, se reporta que socios clave, incluyendo a Estados Unidos, han ofrecido asistencia en la adquisición de objetivos para estas operaciones, lo que subraya una coordinación tácita en la estrategia de disuasión y ataque profundo ucraniana. Un corresponsal de France 24 obtuvo acceso exclusivo al despliegue de una de estas misiones.
El desarrollo de esta capacidad ofensiva interna es crucial para la resiliencia ucraniana. Depender de la producción nacional mitiga los riesgos geopolíticos asociados a las líneas de suministro y las condiciones impuestas por los donantes de ayuda militar.
Analistas de defensa señalan que la escalada en la frecuencia y alcance de estos ataques con drones busca degradar la infraestructura logística y energética rusa, afectando la capacidad de Moscú para sostener operaciones militares a largo plazo. Este enfoque refleja una adaptación pragmática al entorno de apoyo internacional.
La intensificación de estos golpes profundos reconfigura el tablero de la seguridad en Europa oriental. Obliga a Rusia a desviar recursos significativos hacia la defensa aérea interna, desviándolos del frente activo, y eleva el coste político y económico del conflicto para el Kremlin.