El presidente Donald Trump afirmó el sábado que Irán está en negociaciones con Estados Unidos, coincidiendo con las gestiones diplomáticas de Qatar para reducir la escalada de tensiones en la región. El primer ministro qatarí, Sheikh Mohammed bin Abdulrahman al-Thani, se reunió en Teherán con el alto funcionario de seguridad iraní, Ali Larijani, según informó el Ministerio de Relaciones Exteriores de Qatar.
Trump declaró a Fox News que Irán estaba "hablando con nosotros" y que Washington observaría si se podía lograr algo, aunque advirtió sobre la presencia de una "gran flota" dirigiéndose a la zona. El mandatario estadounidense añadió que, por razones de seguridad, no estaba informando a los aliados regionales sobre posibles planes de ataque, tras haber amenazado con intervenir en Irán a raíz de la represión de protestas internas.
La Casa Blanca ha desplegado un grupo de ataque naval liderado por el portaaviones USS Abraham Lincoln frente a las costas iraníes, intensificando la presión militar. El General Richard Shirreff, exsubcomandante supremo aliado de la OTAN, señaló a medios que el objetivo de Trump en Irán es incierto, pero que las intervenciones previas de EE. UU. en Oriente Medio raramente han salido según lo planeado.
En paralelo, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, comunicó a su homólogo egipcio, Abdel Fattah al-Sisi, que Teherán no busca un conflicto con Washington, pues un enfrentamiento no beneficiaría a ninguna de las partes. Esta postura se alinea con las declaraciones de Larijani, quien indicó que los arreglos estructurales para negociaciones estaban progresando, a pesar de la retórica mediática.
El ejército iraní también ha mantenido una postura firme; el jefe del ejército, Amir Hatami, advirtió a Estados Unidos e Israel contra cualquier ataque, asegurando que las fuerzas iraníes están en máxima alerta defensiva. Hatami reiteró que la tecnología nuclear de la República Islámica "no puede ser eliminada", según reportó la agencia IRNA.
La situación de alta tensión se vio marcada por incidentes internos, incluyendo explosiones en el puerto sureño de Bandar Abbas y en la ciudad de Ahvaz, aunque funcionarios israelíes negaron su implicación en los sucesos. Estos eventos, cuyas causas iniciales no estaban claras, aumentaron la ansiedad entre la población iraní, ya bajo restricciones de telecomunicaciones.
El contexto geopolítico se complica con la diplomacia mediadora de Qatar, que busca evitar un conflicto abierto mientras Washington mantiene una fuerte presencia naval. La comunicación indirecta entre Washington y Teherán, facilitada por terceros, sugiere una ventana diplomática activa, aunque frágil, en medio de la disuasión militar.