El orden económico mundial, cimentado en la cooperación multilateral y el liderazgo de Estados Unidos posterior a la Segunda Guerra Mundial, muestra signos de desintegración bajo la presión de nuevas dinámicas geopolíticas. Este sistema, históricamente sustentado en mercados abiertos y reglas democráticas, está siendo desafiado por conflictos comerciales y el realineamiento de alianzas internacionales, según reportes recientes.
El cambio percibido se intensifica con la adopción de políticas como el enfoque de «Estados Unidos Primero» por parte de Washington, lo que impulsa a socios comerciales tradicionales a buscar mayor proximidad con Beijing. China se posiciona activamente como un socio estable en medio de la volatilidad, ofreciendo una alternativa al modelo occidental.
Las tensiones comerciales se han agudizado, poniendo a prueba la efectividad de organismos internacionales y acuerdos bilaterales previos. Este entorno volátil se manifiesta en acciones unilaterales que desafían las convenciones, como las amenazas de imponer aranceles a naciones que discrepen de ciertas posturas políticas.
Diversos observadores y organismos económicos señalan que la creciente fricción podría conducir a una fragmentación del actual marco regulatorio que ha facilitado el comercio global durante décadas. La estabilidad de las cadenas de suministro globales depende intrínsecamente de la coherencia de estas normas internacionales.
La postura adoptada por la administración estadounidense, incluyendo disputas sobre soberanía territorial y amenazas comerciales directas, actúa como un catalizador en este proceso de reconfiguración. Estas acciones obligan a otras economías a recalibrar sus estrategias de riesgo y diversificación.
Como contrapeso, el rol de China se consolida al presentarse como un garante de continuidad económica para aquellos países que buscan evitar la polarización absoluta. Esta dualidad está forzando a las economías intermedias a negociar complejas posiciones de equilibrio.
El futuro inmediato dependerá de si las principales potencias logran restablecer consensos mínimos o si la tendencia hacia bloques económicos definidos se acelera. La erosión de las instituciones creadas para gestionar la paz económica representa un riesgo sistémico para el crecimiento global.