El Ministerio del Interior de Siria emitió una orden para la implementación inmediata de un decreto que concede la ciudadanía a las minorías kurdas, coincidiendo con la consolidación del control de las fuerzas gubernamentales en el norte tras una ofensiva contra las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), reportó la agencia Anadolu citando a la televisión Alikhbariah.
El ministro del Interior, Anas Khattab, fijó el cinco de febrero como fecha límite para finalizar los procedimientos de implementación, los cuales aplican a todos los kurdos residentes en Siria, incluyendo aquellos catalogados como apátridas. Esta acción se produce dos semanas después de que el presidente Ahmed al-Sharaa declarara el reconocimiento del idioma kurdo como lengua nacional y anunciara un alto el fuego.
El avance sirio forzó la retirada de las FDS de importantes centros urbanos como Raqqa y Deir Az Zor, permitiendo al gobierno de Damasco unificar territorio tras casi catorce años de guerra civil. Este desarrollo fue recibido con satisfacción por el presidente estadounidense, Donald Trump, quien expresó su complacencia con la ofensiva a pesar del previo apoyo de Washington a las FDS.
Bajo el decreto de al-Sharaa, el Estado también debe garantizar la preservación de la cultura y el idioma kurdos, incluyendo su enseñanza en escuelas públicas y privadas en áreas de mayoría kurda. Además, se designó el veintiuno de marzo como el Día de Newroz, una festividad nacional que celebra la llegada de la primavera.
No obstante, persisten reportes sobre escasez de alimentos y el desplazamiento de civiles kurdos mientras continúan los enfrentamientos entre las fuerzas sirias y remanentes de las FDS en el noreste. Las autoridades encargadas de ejecutar la orden presidencial fueron instruidas para redactar de inmediato las directrices necesarias para el despliegue del decreto.
Paralelamente, el presidente al-Sharaa se reunió el miércoles en Moscú con el presidente ruso, Vladimir Putin, para discutir el futuro del país y la presencia militar rusa. Putin elogió los esfuerzos de su homólogo para estabilizar Siria, un país donde Moscú busca mantener su influencia en Oriente Medio desde el derrocamiento de Bashar al-Assad en diciembre de 2024.