El presidente estadounidense Donald Trump anunció que el presidente ruso Vladimir Putin accedió a detener los bombardeos sobre Kiev y varias localidades ucranianas por un periodo de siete días, citando las condiciones de frío extremo en la región. Este acuerdo, según Trump, fue el resultado de una petición directa realizada por él mismo durante una reunión de gabinete.
El presidente ucraniano Volodímir Zelenski recibió favorablemente la declaración, calificándola como un paso significativo hacia la seguridad de la capital y otras ciudades durante el invierno riguroso. Zelenski indicó que la potencial desescalada fue parte de las discusiones sostenidas por negociadores en recientes conversaciones de alto el fuego realizadas en Emiratos Árabes Unidos.
La capital ucraniana enfrenta una severa crisis de infraestructura, ya que el alcalde Vitali Klitschko reportó que 454 edificios residenciales permanecían sin calefacción debido a los ataques rusos previos a la infraestructura energética. Las previsiones meteorológicas indican que las temperaturas nocturnas en Kiev podrían descender hasta los -23 grados Celsius esta semana.
Este desarrollo ocurre en un contexto de condiciones climáticas extremas, donde incluso Moscú ha reportado su nevada más intensa en doscientos años, según informó la agencia estatal TASS citando al observatorio meteorológico de la Universidad Estatal de Moscú.
Ambos bandos confirmaron el intercambio de cuerpos de soldados caídos el jueves, un procedimiento que se ha acordado previamente durante rondas de negociación anteriores. No obstante, un avance sustancial para poner fin a la guerra, que se acerca a su cuarto año, permanece esquivo.
El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, mantuvo una postura escéptica sobre las perspectivas de un alto el fuego duradero. Lavrov afirmó a TASS que Moscú aún no ha recibido una versión revisada del plan de paz de 20 puntos propuesto por Ucrania y sus aliados.
La posibilidad de una pausa humanitaria subraya la vulnerabilidad de la infraestructura civil ante el clima, aunque los analistas observan con cautela si este gesto se traduce en avances geopolíticos más amplios o si es una táctica de reposicionamiento militar.