El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, comenzó una visita oficial de tres días a la República Popular China, buscando profundizar los lazos económicos y de seguridad con la segunda economía mundial tras un período de deterioro en las relaciones. Starmer se reunió con el presidente Xi Jinping y el primer ministro Li Qiang en Pekín el jueves, con el objetivo de establecer una relación más pragmática y estable.
Tras el encuentro, Xi y Starmer hicieron un llamado a restaurar una “asociación estratégica integral”, reconociendo que los recientes contratiempos no beneficiaron a ninguna nación, según reportó la agencia Reuters. Starmer enfatizó la necesidad de colaboración en temas globales como el cambio climático, mientras que Xi instó a fortalecer el diálogo dada la actual volatilidad internacional.
El primer ministro británico viaja acompañado por una delegación empresarial de casi 60 representantes de sectores clave, incluyendo a HSBC y Jaguar Land Rover, buscando reactivar el comercio. Starmer ha enmarcado el viaje como una necesidad económica, señalando que China es un actor vital y que una relación estratégica es de interés nacional, aunque manteniendo un diálogo sobre los desacuerdos.
Analistas señalan que la reactivación económica para el Reino Unido, afectado por el Brexit, requiere acceso ampliado al mercado chino y regulaciones predecibles, según Jing Gu, investigadora del Institute of Development Studies. Las estimaciones del NBER indican que el PIB británico se redujo entre un 6% y un 8% tras el Brexit, haciendo atractiva la diversificación de socios comerciales.
La relación bilateral se ha visto tensa significativamente por las preocupaciones del Reino Unido sobre el historial de derechos humanos de Pekín, particularmente en Hong Kong tras las protestas de 2019 y la posterior imposición de leyes de seguridad nacional. El Reino Unido también ha manifestado alarma por alegaciones de espionaje chino y el apoyo de Pekín a Rusia en la guerra de Ucrania.
No obstante, la visita incluyó acuerdos específicos en seguridad no relacionados con disputas políticas, como la cooperación policial para frenar el flujo de opioides sintéticos hacia el Reino Unido y cortar el suministro de motores de embarcaciones a traficantes en el Canal de la Mancha. Este aspecto subraya el enfoque pragmático de Starmer de aislar la cooperación práctica de los conflictos ideológicos.
Expertos como Steve Tsang, director del SOAS China Institute, indicaron que no se deben esperar concesiones significativas de Pekín en temas sensibles como los derechos humanos, pues China buscará presentar la visita como un éxito diplomático propio. A pesar de las advertencias de seguridad interna del MI5 sobre actores estatales chinos, el gobierno de Starmer recientemente aprobó la construcción de una gran embajada china en Londres.