Más de doscientas personas fallecieron en un derrumbe ocurrido el miércoles en una mina artesanal de coltán en la localidad de Rubaya, en el este de la República Democrática del Congo (RDC), según confirmaron portavoces de las autoridades rebeldes locales.
El colapso se produjo debido a las intensas precipitaciones en la zona, y entre las víctimas se encontraban mujeres y niños que participaban en la extracción de coltán, un mineral crítico para la fabricación de dispositivos electrónicos como teléfonos inteligentes y computadoras.
Un exsupervisor del sitio declaró a la BBC que la falta de mantenimiento adecuado en la explotación y la naturaleza frágil del suelo exacerbaron el desastre, dificultando las labores de rescate posteriores.
El gobierno central de la RDC atribuyó la tragedia a los grupos armados, alegando que la autorización de la minería ilegal sin imponer estándares de seguridad pone en riesgo la vida de los civiles en territorios controlados por la insurgencia del M23.
Rubaya se encuentra bajo el control del grupo M23, al que observadores internacionales señalan como respaldado por Ruanda, una acusación que Kigali niega sistemáticamente, aunque expertos de la ONU han encontrado evidencia de que minerales congoleños se exportan a través de Ruanda.
Se reporta que cerca de veinte sobrevivientes están recibiendo atención médica, mientras que la mina de Rubaya constituye aproximadamente el 15% del suministro mundial de coltán y la mitad de las reservas conocidas de la RDC.
Este suceso reitera los riesgos inherentes a la minería artesanal en la RDC, un sector frecuentemente marcado por la precariedad laboral y la violencia asociada al control territorial por facciones armadas y cadenas de suministro ilícitas.