TEHERÁN — Sana, una analista de control de riesgos de 27 años, permanece en su apartamento al oeste de Teherán a pesar de la intensificación de los ataques aéreos que han sumido a la capital en un estado de tensión constante y frágil. Tras huir de la ciudad durante un conflicto de 12 días el pasado junio, tomó la firme decisión de quedarse cuando comenzó la última oleada de combates el 28 de febrero.
“Pase lo que pase, no me voy de Teherán”, afirmó Sana. Comparte su hogar con su compañera de piso, Fatemeh, y su gato, Fandogh, dependiendo de las entregas de supermercado para evitar los peligros de la calle.
El conflicto ha obligado a los residentes a adoptar una sombría rutina de anticipar los ataques durante las primeras horas de la mañana y la noche. La infraestructura de la ciudad está bajo una enorme presión, y los habitantes se enfrentan a cortes totales de internet y a un acceso restringido a los servicios básicos.
Sobrevivir al asedio
La noche del 16 de marzo marcó un punto de inflexión en la intensidad de los ataques. Una serie de explosiones cerca del aeropuerto de Mehrabad obligó a Sana y Fatemeh a abandonar su apartamento y refugiarse en un garaje.
“Sinceramente, pensé que iba a morir”, recordó Sana sobre aquella noche, en la que múltiples detonaciones iluminaron el cielo. Al regresar a su apartamento, encontró a su gato temblando dentro de un armario.
El costo psicológico de la guerra se ve agravado por la inestabilidad económica. El 4 de abril, Sana regresó a su oficina y descubrió que casi la mitad de sus colegas habían sido despedidos. “Nunca olvidaré sus lágrimas”, dijo al describir a una compañera de trabajo que acababa de recibir su carta de despido.
Más allá de la amenaza inmediata de los misiles, el impacto ambiental de la guerra es visible en toda la capital. Sana describió un día en el que un depósito de petróleo fue alcanzado, haciendo que el cielo se volviera “completamente negro” en plena tarde.
A pesar del miedo y la contracción del mercado laboral, Sana sigue aferrándose a sus rutinas diarias. Lee libros y ve series descargadas, intentando forjar una sensación de estabilidad en una ciudad que se ha convertido en una zona de guerra. Para muchos residentes, la elección de quedarse no es una señal de seguridad, sino un acto de desafío contra el desplazamiento que marcó el conflicto anterior.