Cerca de 3.000 líderes mundiales, entre ellos unos 65 jefes de Estado, se reunieron en Davos-Klosters, Suiza, del 19 al 23 de enero para la 56ª Reunión Anual del Foro Económico Mundial. Bajo el lema "Un espíritu de diálogo", la cumbre buscó hacer frente a un panorama marcado por una creciente tensión geopolítica, una rápida disrupción tecnológica y la incertidumbre económica.
La estabilidad geopolítica dominó la agenda mientras los líderes analizaban el debilitamiento del orden global basado en reglas. La presencia del presidente estadounidense, Donald Trump, despertó un gran interés internacional, especialmente en lo que respecta a sus posturas sobre aranceles, alianzas de seguridad y el futuro de disputas territoriales como la de Groenlandia. Mientras algunas naciones abogaron por estrategias nacionales más fuertes e independientes, otras instaron a preservar marcos multilaterales como las Naciones Unidas para gestionar las relaciones internacionales.
Para contrarrestar la tendencia a la escalada militar, el foro presentó el "Consejo de Paz". Esta iniciativa pretende funcionar como un foro diplomático estructurado para la resolución de conflictos, priorizando la negociación y la mediación. Aunque el proyecto se encuentra en sus primeras etapas, representa un creciente interés global por la diplomacia preventiva.
Resiliencia económica y gobernanza tecnológica
El comercio y la política económica ocuparon un lugar central, ya que los participantes reconocieron que el comercio mundial está atravesando cambios estructurales. Los líderes se centraron en construir cadenas de suministro resilientes para mitigar los riesgos de futuras interrupciones. Los debates destacaron el potencial de una cooperación económica más profunda entre la Unión Europea y la India, especialmente en los sectores de energía verde, tecnología y comercio.
La inteligencia artificial se consolidó como el tema tecnológico principal de la reunión de 2026. Si bien los ejecutivos y responsables políticos reconocieron la capacidad de la IA para transformar las sociedades, también debatieron sobre la necesidad urgente de marcos de gobernanza que garanticen beneficios equitativos. El foro subrayó que, aunque el FEM no emite mandatos vinculantes, las discusiones sirvieron como una señal estratégica para que las naciones se alineen en cuanto a estándares técnicos.
Más allá de la tecnología, la asamblea se centró en el capital humano y la prosperidad inclusiva. Las conversaciones sobre mitigación climática, seguridad hídrica y estrategias de transición energética reforzaron el papel de la transformación de la fuerza laboral para mantener la estabilidad a largo plazo. A pesar de la sensación generalizada de estrés sistémico, el foro concluyó que los canales diplomáticos siguen siendo la herramienta más eficaz para gestionar las disputas comerciales y las tensiones de seguridad en un mundo polarizado.