Las autoridades israelíes intensificaron las políticas de desplazamiento forzado en la Cisjordania ocupada, emitiendo órdenes de expulsión contra una comunidad beduina al este de Ramala, según reportes de agencias de noticias locales. La medida se produce mientras se registra un aumento en los incidentes de violencia perpetrados por colonos contra escuelas y viviendas palestinas en la región.
Fuerzas israelíes allanaron la comunidad beduina Abu Najeh al-Kaabneh, imponiendo un plazo de 48 horas para desmantelar las estructuras residenciales de sus 40 habitantes, declarando el área como una "zona militar cerrada". Esta táctica, frecuentemente empleada para despejar tierras para la expansión de asentamientos, sigue al desplazamiento total de la comunidad Shallal al-Auja cerca de Jericó el día anterior.
Paralelamente, en Jerusalén Este ocupada, la presión municipal continuó con la demolición forzada de una vivienda palestina en Jabal Mukaber, donde el propietario fue coaccionado para ejecutar la orden y evitar tarifas municipales elevadas. Los grupos de derechos humanos señalan que los permisos de construcción son casi imposibles de obtener para los palestinos en esa parte de la ciudad.
La escalada de tensión se extendió al norte, donde colonos, con apoyo militar, bloquearon el acceso a la escuela al-Maleh en el Valle del Jordán, impidiendo a los maestros llegar a los niños de comunidades beduinas vulnerables. Este acoso coincide con la reciente instalación de un nuevo puesto de avanzada ilegal de colonos en la misma área, según el director de educación de Tubas.
En Faraata, al este de Qalqilya, colonos del asentamiento “Havat Gilad” atacaron una residencia, lanzando proyectiles y utilizando un perro contra la familia, lo que subraya un estado de inseguridad constante para los residentes, reportó Wafa. Estos ataques a infraestructura civil y residencial complican la vida bajo la ocupación militar.
Las fuerzas israelíes también llevaron a cabo arrestos en Hebrón y Nablus, además de incursiones en Yenín, donde tropas destruyeron deliberadamente carros de vendedores ambulantes en el centro de la ciudad, impactando la economía local. El control de movimiento se endureció con el cierre de puntos de control clave que conectan ciudades del centro y norte de Cisjordania.
De acuerdo con la Comisión de Colonización y Resistencia al Muro, Israel opera actualmente 916 puestos de control y puertas militares en todo el territorio. El endurecimiento de las restricciones de movimiento y la expansión de las demoliciones señalan una profundización de las políticas de control territorial.