En la frontera entre Irán y Turquía, hombres operan servicios informales para conectar llamadas a familias en el extranjero. Esta práctica surge como respuesta a los bloqueos de internet y telefonía implementados por las autoridades iraníes durante las actuales tensiones bélicas. Según reportó BBC Persian, el objetivo es mantener el vínculo emocional a pesar de las restricciones gubernamentales.
El método consiste en utilizar dos dispositivos simultáneos, uno conectado a la red turca y otro a la red iraní. Los clientes llaman al teléfono turco y el operador realiza la segunda llamada hacia el interior del país para establecer el vínculo. Esta técnica es necesaria porque las llamadas internacionales directas hacia Irán están bloqueadas por las autoridades.
Las autoridades han impuesto restricciones severas que elevan el precio de la comunicación a niveles prohibitivos. BBC Persian reportó que una llamada de cinco minutos puede costar aproximadamente 38 dólares incluyendo tarifas de transferencia. Muchos usuarios consideran que el costo es alto, pero aceptable para mantener el contacto.
Para personas como Ava, casada con un canadiense, la inversión es necesaria para mantener el contacto antes de eventos vitales. Ella afirma que paga sumas considerables para poder hablar con su prometido cuando el tráfico aéreo se detuvo por la guerra. La distancia física se ha convertido en un obstáculo logístico para las relaciones personales.
Los usuarios también dependen de redes privadas virtuales para acceder a mensajes y llamadas directas. Hamid, residente en Teherán, indicó que el costo de los datos se ha disparado a 20 dólares por uno gigabyte. Esta cifra representa una carga financiera significativa dado el salario mínimo mensual en el país.
La conexión suele ser inestable y los datos no se reembolsan si la señal se pierde durante la transmisión. Hamid añadió que, cuando logra conectarse, intenta contactar a todos para transmitir noticias sobre la seguridad familiar. La incertidumbre tecnológica agrava la ansiedad de los usuarios en todo el territorio nacional.
Los familiares en el extranjero expresan angustia al recibir mensajes breves de seres queridos en zonas de bombardeo. Negar, en Toronto, describió cómo sus familiares aseguran estar bien a pesar del riesgo inminente para evitar su preocupación. La ocultación de la realidad genera un conflicto emocional adicional para quienes viven fuera de la frontera.
Quienes permanecen en la capital enfrentan patrullas constantes y sonidos de aviones de combate que limitan sus movimientos. Zahra mencionó que su hermano rara vez sale de casa debido al ruido aterrorizante de las explosiones y los controles en las intersecciones. La seguridad física depende ahora de la capacidad de permanecer ocultos dentro de las ciudades.
La complejidad técnica de estos métodos crea una brecha entre los miembros de la familia más familiarizados con la tecnología. Pooneh, en Londres, explicó que solo puede contactar a su hermana, ya que ella encuentra la forma de realizar las llamadas. Esta asimetría tecnológica dificulta la coordinación de la información familiar completa.
El intercambio de información se vuelve fragmentado entre quienes están dentro y fuera del país debido a la censura gubernamental. Los analistas observarán cómo evolucionan estas tácticas de comunicación mientras persisten las hostilidades en la región. La situación actual subraya la fragilidad de las redes de comunicación en zonas de conflicto activo.