Se escucharon fuertes explosiones y disparos intensos en las proximidades del aeropuerto internacional Diori Hamani de Niamey, capital de Níger, durante la madrugada del jueves. Residentes locales informaron a medios internacionales que los enfrentamientos cesaron después de aproximadamente dos horas, aunque la causa exacta y la posible existencia de víctimas no han sido confirmadas de manera oficial.
Videos difundidos por ciudadanos en redes sociales mostraban estelas de luz en el cielo y el sonido de detonaciones potentes, junto con imágenes de vehículos calcinados. La ubicación del aeropuerto es sensible, ya que alberga una base de la fuerza aérea y se encuentra a escasos 10 kilómetros del palacio presidencial, lo que eleva la preocupación sobre la estabilidad interna del régimen.
Níger, que comparte fronteras con países como Malí y Burkina Faso, lucha contra una creciente amenaza de grupos yihadistas. El país está gobernado desde hace más de dos años por la junta militar liderada por el general Abdourahamane Tiani, quien derrocó al presidente civil electo en 2023. Este evento de seguridad ocurre en un contexto de reestructuración de alianzas regionales.
El aeropuerto de Niamey no es solo un punto civil clave, sino también la sede de la fuerza conjunta creada por Níger, Burkina Faso y Malí para combatir la violencia extremista en la región del Sahel. Estas tres naciones, todas bajo regímenes militares, han consolidado su cooperación a través de la Alianza de Estados del Sahel (AES) y planean desplegar una fuerza conjunta de 5,000 efectivos.
Geopolíticamente, la situación se complica por la reciente expulsión de las fuerzas militares francesas y estadounidenses que apoyaban las operaciones antiterroristas. El gobierno de Tiani ha pivotado hacia nuevas alianzas, buscando apoyo en otras potencias mientras enfrenta un conflicto interno que, según datos de ACLED, resultó en casi 2,000 muertes por violencia yihadista en Níger durante 2025.
Adicionalmente, el aeropuerto ha sido escenario de tensiones logísticas, como la retención de un significativo cargamento de uranio destinado a un comprador no revelado, que permanece allí desde finales de noviembre. La inseguridad en la capital añade una capa de riesgo a las operaciones económicas y militares del país.
Un activista pro-junta hizo un llamado a la población a manifestarse para "defender el país", indicando una posible movilización interna en respuesta al incidente. La calma regresó a la zona dos horas después del inicio de los disparos, aunque la incertidumbre persiste sobre los responsables de esta incursión cerca de un punto estratégico nacional.
Este suceso es reportado por la agencia AFP, citando testimonios de residentes locales, y resalta la vulnerabilidad de las infraestructuras críticas en el Sahel a pesar de los esfuerzos de las juntas militares por asegurar el control territorial y redirigir sus alianzas internacionales.