MINNEAPOLIS, EE. UU. – La escalada de tensiones en torno a las operaciones de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en el área metropolitana de Minneapolis-Saint Paul culminó este viernes con el arresto de más de un centenar de clérigos. Los manifestantes, que rezaban y cantaban himnos mientras bloqueaban una vía de acceso al aeropuerto principal de la ciudad, ignoraron las órdenes de dispersión policial.
La acción formó parte de una jornada coordinada, denominada “ICE OUT!”, que según los organizadores incluyó un paro generalizado con el cierre de múltiples negocios y comercios en todo Minnesota. Este nivel de movilización busca ejercer presión sobre la administración federal por el aumento del despliegue de agentes de ICE en la región, una medida justificada por la Casa Blanca en respuesta a presuntas alegaciones de fraude en la comunidad somalí local.
Los líderes religiosos y activistas exigieron, entre otras demandas, responsabilidad legal por el agente de ICE que recientemente abatió a tiros a Renee Good, una ciudadana estadounidense, mientras monitoreaba actividades de la agencia. La protesta se desarrolló en un contexto de enfrentamientos esporádicos, a veces violentos, entre manifestantes y agentes federales, quienes han utilizado gases lacrimógenos y granadas aturdidoras.
La movilización es una respuesta directa a lo que líderes locales demócratas, incluido el alcalde Jacob Frey, han calificado como una “invasión” federal. A pesar del clima gélido, cientos de personas convergieron en el aeropuerto y se dirigieron posteriormente a una manifestación central en el centro de la ciudad. Organizaciones como Faith in Minnesota señalaron que la acción también buscaba visibilizar a los trabajadores aeroportuarios que, según denuncian, han sido detenidos por ICE en sus lugares de trabajo.
La administración del presidente Trump ha defendido el operativo, argumentando que es necesario para la aplicación de la ley y que busca expulsar a inmigrantes ilegales. El vicepresidente JD Vance visitó la zona el día anterior, afirmando que el gobierno federal está trabajando para “reducir la temperatura” del conflicto. Sin embargo, los organizadores locales perciben estas acciones como un asedio y consideran que las formas tradicionales de protesta han sido insuficientes para disuadir la ofensiva migratoria.
La disrupción económica fue notoria, con panaderías, restaurantes y tiendas cerrando sus puertas como acto de solidaridad. Este nivel de resistencia organizada subraya una profunda fractura política y social en Minnesota respecto a la política de inmigración federal, con implicaciones que trascienden lo local y se insertan en el debate nacional sobre la autoridad federal y los derechos civiles.
Fuente: Basado en reportes de prensa internacional.